sábado, 7 de enero de 2012




MI NIÑITA ETERNA





Mi niñita eterna saltó de júbilo, salió a flote esbozando una sonrisa plena, extensa y repleta de alegría.  No son muchas las oportunidades que tiene de salir y disfrutar de buena gana una experiencia como esta. Claro está que trataba de disimular un poco para que nadie notara su presencia. Pero estaba allí, mirando el ambiente de fiesta. Regocijándose en la variedad de colores de los globos llenos de helio. Mirando los animales y percibiendo el delicioso olor que emanaba desde los quioscos flotando juguetón en el aire. Eran olores del recuerdo, olor a azúcar quemada, a manzanas con caramelo, a frituras  deliciosas. Eran olores que invitaban a romper la dieta al menos por un día.   Aunque no supo que sabor tenían esos olores que flotaban en el aire, si se imaginó como se vería ella sosteniendo en sus manos un algodón de dulce. Luego al ver los payasos de grandes gorros y trenzas estiradas hacia los lados se olvidó de todo eso. Casi en un impulso inconsciente se inclinó hacia una payasita que estaba sentada y le preguntó en su triste y corto Inglés “May I take a picture with you and my little boy?” y ella gentilmente le contestó  “Sure”, entonces tomó una foto con el  niño y la payasita.  Al caminar un poco más adelante se encontró con un elefante y una jirafa que les daban paseos a los niños y también pensó cómo sería eso de montarse en un elefante. “Y si me caigo, ay no, me van a decir ridícula”  porque recordó que ella no llegó sola a aquel lugar, sino que había ido con otro niño, una niña y el niño pequeño.  Luego paseó de quiosco en quiosco viendo las diferentes artesanías y a las manos ingeniosas que frente a todos desarrollaban sus trabajos increíblemente hermosos. Cuando decidió irse a casa pasó nuevamente por donde estaba la primera jirafa que vio. Estaba en una jaula y alrededor de esa jaula había una verja que separaba la jirafa de las obejitas. Había también unas máquinas donde se depositaban monedas de veinticinco centavos de la cual se sacaba alimento para darle de comer a los animales.  Así  que la niña depositó su moneda y sacó alimento para darle a la jirafa.  La sensación de levantar su brazo y ver cómo se aproximaba la cabeza de la jirafa, sentir cómo recogía de su mano el alimento grano por grano con su lengua violeta, sentir su respiración tenue, confiada  y los pelos del hocico  tocando su piel, fue lo que impulsó a mi niñita de ocho años a salir a flote, riéndose, divirtiéndose, gozando, sintiendo tal vez  como muy pocas veces la dulzura de la niñez.  Entonces me di cuenta de que en aquel lugar solo habíamos niños. Algunos  como yo, con cuerpo de gente grande, pero niños al fin.  Ahora me reconforta saber que mis niñitas del pasado nunca se han ido.  Pero esa, mi niñita de ocho años es la que más sale a flote y definitivamente se niega a morir.  Nunca, jamás se irá, se quedará conmigo hasta que mi Papá nos lleve a nuestro hogar y nos devuelva la gran virtud de ser ángeles otra vez.

viernes, 6 de enero de 2012

UN GRAN APLAUSO A LOS QUE YA NO ESTAN


Dialogar es una de las cosas que más se disfruta. Sin lugar a dudas es uno de los más grandes entretenimientos de la vida. Se siente rico en el alma el poder intercambiar ideas con esa única emoción con la que volamos a tiempos pasados que permanecen vivos en nuestro ser interno. Poder contar nuestras anécdotas y escuchar las de otros es como traer un poco al presente aquel tiempo pasado que siempre fue mejor.  No importan las vicisitudes de aquellos tiempos, es que entonces nos asistía la juventud, es que entonces el cuerpo no estaba adolorido, es que entonces podíamos comernos al mundo.    Especialmente prestamos más atención cuando se tocan temas que nos permiten conocer las vidas de otras personas, sus historias, sus luchas, sus afanes. ¡Cuán importante ha sido la vida de todos los seres que han pasado por este mundo en nuestras vidas!  Hoy mientras estaba en mi trabajo tuve que sentarme en el piso para tratar de remover un tremendo enredo de hilo que se había acumulado cerca del  sistema de la polea de mi máquina de coser (soy sastre). Estando allí en aquella posición tan incomoda y viendo el funcionamiento de mi máquina, sus piezas, todo ese andamiaje de hierro y reconociendo la función tan importante y maravillosa que puede hacer bajo mi manejo, di gracias a Dios por aquella primera persona que soñó y desarrolló la primera máquina de coser, que hoy me permite ganarme el pan de cada día usando mi talento y mi formación académica. Luego comencé a hablar con mi compañera de trabajo, María. Ella es italiana, al igual que mi otra compañera de trabajo, Tina. Ella me contó cómo sus abuelos vinieron desde Italia huyéndole a una guerra hace más de cien años. Acá en América, (como ella dice), se dedicaron a trabajar en el campo, recogiendo frutas y vegetales por un salario miserable. Con mil penurias sacaron a su familia adelante. En ese tiempo todo era mucho más difícil pero ellos se esforzaron para crear una vida mejor. Los que vivimos en este tiempo prácticamente tenemos la vida hecha. Para cada cosa existe una solución, todo es más fácil, gracias a los que soñaron, se atrevieron y crearon con sus propias manos un mundo mejor para sus (generaciones venideras) que somos nosotros.            He escuchado a  personas quejarse de que nadie, nunca les heredó nada.   Esa es la aseveración más injusta que cualquier  ser humano pueda verbalizar.  ¡SORPRESA!  La próxima vez que te sientes cómodamente en tu sofá, a ver tu televisión recuerda que eso y todo lo que te rodea es la dote que heredaste de nuestros antepasados. SI, AQUELLOS GRANDES VISIONARIOS QUE YA NO ESTAN… ¡SE MERECEN UN APLAUSO!
                         copyright      Idalia Castro Correa

jueves, 5 de enero de 2012

50 AÑOS PARA CONTESTAR UNA PREGUNTA

 
                  Amelia Correa Cruz en su personaje de "La Inmortal"
Mi madre es una mujer excepcional.  Tuvo muy poco tiempo para aprender a volar y así sin saber cómo se lanzó a la vida  de manera abrupta, de golpe y porrazo, golpeándose con las ramas y los escollos que se encontraba en su camino. Fue una mujer niña o una niña mujer que a los trece años se dividió sirviendo de canal para traer al mundo a su primera hija, María Luz.   Dentro de esa inmadurez típica de la adolescencia le  comenzaron a llegar los hijos, uno cada año.  Su historia de pariciones se remonta al año 1945 en adelante. En total tuvo doce embarazos, tres abortos, tres niños fallecidos y seis a los que con su fuerza de voluntad y su amor de madre nos arrebató de la miseria y la muerte. Existía una pregunta en el ambiente que surgía con demasiada frecuencia y a la que ella como una mujer ya muy centrada y entregada a sus responsabilidades se negaba a responder ¿pa’ qué tu te pones a parir tantos muchachos?
   Es una guerrera mi mamá, siempre decidida, valiente, aguerrida, nuestro tronco fuerte donde solemos ir a buscar consuelo, consejo, sabiduría, inspiración.   Al parecer  de nosotros sus hijos, ella se nos había congelado en el tiempo y creímos que su fortaleza física jamás menguaría. En su interior, su estado anímico, su espiritualidad, su fuerza de voluntad están intactos pero  paulatinamente la vida ha ido despojándola de su salud y su fuerza física. 
Hace unos meses se enfermó y estuvo recluida en un hospital. Nuestra hermana Carmín nos llamó y nos dijo que debíamos viajar por que ella estaba muy enferma.  Al otro día mi hermana y yo junto a nuestros respectivos esposos viajamos a Puerto Rico.  
Para mi mamá era una gran sorpresa  y una gran felicidad el vernos desfilar uno por uno ante ella. Todos estábamos allí, pendientes de ella, hablando con los médicos, haciendo trámites para que su proceso de recuperación fuera de la mejor manera posible. En un momento en que nos encontrábamos solas me miró con infinita ternura y me dijo, “mira, y todavía la gente me preguntaba que para que yo paría tanto muchacho”  “para esto yo paría tanto muchacho”, para que me consintieran como me están consintiendo ahora.
                                                                                                    Idalia Castro Correa 

DE MI LIBRO "LA INMORTAL Y OTROS RELATOS" EL CUENTO "LA YEGUA SERRUCHO"

¡Recordar es vivir! Y dentro de esos recuerdos fluyen, como hadas mágicas, sentimientos de nostalgias y añoranzas. ¡Ay!, quién pudiera cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse nuevamente en vivo y a todo color en aquella época dorada, vista bajo el cristal de la lupa del recuerdo; a veces perfeccionada por el amor, otras veces exagerada o tal vez subestimada por la falta de detalles:

Allá, desde el recuerdo del tío Seferino, surge este personaje que, a no ser por él y por sus mágicos y nostálgicos relatos, se hubiera quedado dormido por ‘sécula seculórum’.
El ser humano ha sobrevivido por obra y gracia de su curiosidad infinita. Siempre en busca de un futuro mejor, soñando, y logrando sus sueños. Hoy no existe un sólo lugar donde podamos posar nuestra vista en donde no encontremos la idea o el sueño de otro ser humano. Idea que se trabajó, se perfeccionó con el tiempo y ahora todos, de una manera u otra, disfrutamos. A decir verdad, debemos reconocer que estamos totalmente rodeados de sueños cumplidos y metas alcanzadas por alguien que se atrevió y persistió hasta alcanzar su objetivo. En este tiempo las opciones para cubrir nuestra necesidades, no importa cuales sean, son variadas y al gusto del consumidor.

Hace sesenta años atrás las cosas eran distintas y ahí es donde entra nuestra flamélicamente desnutrida yegüita Serrucho. Obviamente, el nombre le hacía honor a su apariencia por lo larga, larguísima, tan larga que sobre ella se podían montar diez muchachos y todavía sobraba espacio. ¡Qué larga era la yegua Serrucho y qué flaca, escuálida, diría yo! Su espinazo se levantaba en nudos, mostrando perfectamente el cajón de las costillas, haciendo difícil, sino imposible, la montura a pelo(al menos así la describe tío Sefe).

Resulta que la yegüita era el único medio de transportación de mi abuelo y su familia en aquella época. Entonces, con todo y su *inicutible flacura, prestó los servicios de camioneta familiar. Todo lo que había que cargar se lo echaban al lomo. La yegua Serrucho tenía su caballero oficial; este trabajo le tocaba al tío Patricio. Me cuenta tío Sefe que un día, necesitados de salir para unirse a unas parrandas navideñas, echaron mano de la yegua Serrucho. Tío Patricio, como jinete oficial, se montó al frente, abuelo Epifanio detrás de tío Patricio, luego mi papá Luciano y en la parte de atrás se montó tío Sefe. Los cuatro iban cómodos porque todavía quedaba espacio para dos personas más. ¡Ah, pero esta yegua Serrucho también se las traía! Ella, como toda buena fémina de temple, tenía ciertas reglas y restricciones.

Contentos y cantando décimas navideñas, partieron los cinco camino abajo para acceder a la carretera principal que los llevaría al convite de navidad. Queriendo cortar camino, tomaron un atajo donde se encontraba una ciénaga de berro. El camino, un poco escabroso, le resultaba a tío Seferino peligroso y en su afán por no caerse de la yegua, le apretó los talones descalzos contra la barriga. ¡Rompió la regla! La yegua Serrucho les tenía totalmente prohibido que le tocaran la barriga porque ella era muy cosquillenta. Acto seguido, se levantó en dos patas y dejó caer a sus cuatro ocupantes en la ciénaga de berro. Después echó a correr internándose en el monte. A ellos no les costó más remedio que limpiarse la ropa lo mejor que pudieron, siguiendo su camino a patitas, primero maldiciendo a la yegua y después de un rato riéndose de muy buena gana porque tío Sefe había violado la regla de oro de la yegüita Serrucho.
Pero la historia no termina ahí. Después de caminar varias horas, sucios y hambrientos llegaron al lugar de la parranda. Aquello era el cielo abierto: ron cañita, música de cuatro y guitarra, baile bien ‘formao’. Allá en el fogón se podían distinguir las grandes ditas desbordadas de batata asada, guineítos sancochados, chicharrones y carne de cerdo, morcillitas picantes y sin pique...
La dueña de la casa resguardaba el fogón y a cada nuevo invitado que llegaba le servía tremendo cerro de comida; a todos menos a los que habían caído en la ciénaga del berro. Abuelo, hambriento y preocupado por sus hijos, fraguó un plan de emergencia. Se acercó a la dueña de la casa y haciendo uso de toda su gallardía y elegancia natural la invitó a bailar. Mientras la doña se divertía de lo lindo, tío Patricio, tío Sefe y mi papá se apropiaron de las ditas de comida y siguiendo el ejemplo de la yegua Serrucho, se internaron en el monte. Al terminarse la pieza de baile la doña vio que la comida había desaparecido. Mi abuelo, ni tonto ni peresozo, agarró una raja de leña y blandiéndola en el aire decía a todo pulmón: "Ay, si yo agarro a esoj bandoleroj que se robaron la comía... loj mato.  Y que no me aguante naiden polque juro que loj mato".
Después de un rato, abuelo se escabuyó disimuladamente hacia el monte para continuar la fiesta; esta vez ‘jampiándose’ una colosal dita de arroz con gandules , chicharrones de cerdo y morcillitas picantes y para completar se mandó un juanetazo de pitorro por aquello de darle alegría al espíritu. Y colorín colorado, este cuento felizmente se ha acabado,  porque... ¡Barriguita llena, corazón contento!

*inicutible= Esta palabra no aparece en el diccionario porque realmente fue creada por un ser que, a pesar de los años, todavía guarda esa maravillosa inocencia infantil.  Su nombre es Iris.  Ella utiliza esa palabra para describir algo muy delgado o pequeño. Esta palabra forma parte de nuestro vocabulario familiar.                                   
                                                                                                                                         Copyrigth- IDALIA CASTRO CORREA 
            Dedicado a tío Sefe y a sus dulces recuerdos de juventud.

miércoles, 4 de enero de 2012

QUIERO SER MÁS DE TI


Hay poesías que surgen del esfuerzo y tratamos de darle forma de acuerdo a las reglas, son poesías educadas, finas, poesías de aristocracia.  Sin embargo existen otras igual de hermosas pero rebeldes, sin normas, poesías llaneras y del consumo común.   Las hay melodiosas que llegan en alas de  fantasía, perteneciente a las hadas bailarinas de las musas y se derraman fluidamente sobre el blanco papel. Otras,  vienen viajando en un susurro suave y muy dulce hasta tu oído  desde los labios de Dios.
Éste último es el caso de:
Quiero ser más de Ti

Quiero ser más de Ti
Que rompa este silencio, la angustia de mi alma
Salga despavorida la voz que está guardada
Cubriendo con lo externo, la inmensa llamarada

 Quiero ser más de Ti,
Que trascienda mi mente fuera del intelecto,
Que rompa las cadenas que aprisionan mi tiempo,
Para darle cabida a lo inmenso, lo eterno

  Quiero ser más de Ti
Como lo fue Jesús cargando aquel madero
Llevando en sus espaldas los pecados ajenos
Glorificando el alma, sacrificando el cuerpo

 Quiero ser más de Ti,
Amarte más yo quiero,
Sentir como en las noches, me arrullas cuando  duermo
Sentir que no he crecido, que niña sigo siendo
Que cuando se aproxime el íntimo momento
De abrazarme a Ti  Padre
Pueda mirar mi senda sin temor de marcharme

  Quiero ser más de Ti,
Tan solo amarte quiero
 ¿Hasta donde? Preguntas,
Quizás hasta el suspiro  postrero de mi aliento
Hasta la inmensidad, tal vez hasta Tu cielo,
O a Tu misma presencia.
Hasta la eternidad, Si Jehová amarte así yo quiero.
                                                                                 IDALIA CASTRO CORREA

martes, 3 de enero de 2012

MARTA SOLEDAD, NUESTRA MUJER INTELECTUAL DE HOY


Hoy dejo escapar mis ojos sobre las letras que describen en perfecta sincronía el quehacer cotidiano de mi pueblo.  Cada poema de esta escritora es un relato muy bien contado con principio y fin muy bien definidos.  Sus escritos te permiten  navegar  fluidamente  y en armonía sobre historias y situaciones reales con su maravillosa habilidad para el  uso de la metáfora. Echa a correr tu caballo/ por la senda de la historia/  para que llegues temprano/ a nuestras viejas memoria     Sus poemas llenan, satisfacen, dicen algo, te inspiran, no son simples palabras hermosas, son vida, verdad, historia.   Marta Soledad es una poetiza  autodidacta, que nació con el don de interpretar las imágenes recibidas desde su niñez  de una manera  ingeniosa y muy personal,   Lánzale al ocio un chuzazo/ y agarra la crin del viento/ galopando, aun despacio/  sobre la grupa del tiempo.   “Se graduó de jibara” dijo el señor  Hector M. Vallinez en el prólogo que escribió para Marta en  su segundo libro “El tiempo en otra etapa”.   Si, tiene razón, Soledad se graduó de jibara por que hoy  se dedica Junto a su esposo Herminio  a resaltar las costumbre, la música  y todo lo que tenga que ver con el quehacer del pueblo puertorriqueño en  Connecticut.  Extrañar tanto la patria la ha movido a traerla a nuestro alcance a través de sus poemas y en la  organización de actividades  donde se destaca nuestra música y folklore.    En su primer libro  “Soledad en tres tiempos y una melodía de ternura”  el señor Clodomiro Falcón, describe la  obra de Martha Soledad  como “Una nota refrescante que brinda paz al alma y al espíritu cansado. “ Es un canto de amor en sus múltiples manifestaciones.” Cierro esta pequeña introducción con una frase  de nuestra poetiza Marta Soledad
“Los libros son compañeros dulces para el que sufre, y si no pueden llevarnos a gozar de la vida, al menos nos enseñan a soportarla”
                                                                                                                        

lunes, 2 de enero de 2012

AÑO 2012 TIEMPO PARA DELEITARSE EN LA LECTURA

En este año me propongo esparcir por doquier la idea de sumergirse en la mente, el alma y el corazón de los escritores y escritoras que con esfuerzo nos regalan su arte.   Leer es un proceso maravilloso que tiene la habilidad de transportarnos a un mundo distinto descrito desde la ventana y los ojos de otro ser humano.   No es lo mismo que ver una  película, por que cuando lees tu mente fluye libremente hasta crear las escenas expuestas en el relato.  Este proceso es muy importante por que te ayuda a crear y expandir tu imaginación.  Leer mantiene tu mente física en buen estado, es como si estuvieras haciendo ejercicio o corriendo, a parte de que con la constante  práctica  comienzas a disfrutarlo inmensamente. Leer un  libro es como sentarse a platicar con un buen amigo, con él afloran sentimientos a veces desconocidos, te lleva a reflexionar sobre eventos de tu propia vida, descubres verdades escondidas, comprendes el dolor y la angustia de otros y te lleva en alas del amor regalándote un romanticismo perfecto.  Lo que no atinas a expresar por ti mismo lo puedes encontrar fácilmente en un poema.  
 En este año que acaba de pasar 2011  me deleité leyendo varias obras, dos de ellas ya las había leído hacía algún tiempo. “CON VALOR Y A COMO DÉ LUGAR” de Carmen Luisa Justiniano. Una impresionante obra donde sin pagar ni un centavo extra haces un viaje por mi Puerto Rico en los años 1932 en adelante.  La escritora tenía una habilidad sin igual para describir fielmente con lujo de detalles cada lugar donde se fue desarrollando su vida, su gente, sus costumbres y también sus vicisitudes.  Si alguien quiere saber de primera mano cómo se vivía en esa época este es el libro perfecto, tanto es así que lo leí dos veces y pienso releerlo.  Creo que todavía está disponible en Amazon.  
    Mi escritor preferido de todos los tiempos, mi querido Don Abelardo Díaz Alfaro, sus libros “MI ISLA SOÑADA Y TERRAZO” son mis compañeros de vida.  Don Abelardo capturó esa magia increíble que le es dada sólo a algunos escritores.  No importa cuántas veces leas sus relatos, siempre le encuentras un mensaje nuevo.  Pasearte por sus escritos es ubicarte en el lugar de los hechos y verlos de primera mano.  Yo puedo escuchar el sonido del campo en “EL PITIRRE” (guatibirí), percibir su olor a tabaco en  “TRANSPLANTE Y DESPLANTE”, y puedo sentir mis pies descalzos, al lado del “Jincho Marcelo” en “EL JOSCO”. Pero para mí su obra cumbre, la que más refleja  a nuestro Puerto Rico pobre, triste, hambriento de  principio del siglo veinte es “BAGAZO”.  Puñal negro, clavado en el corazón de la tierra. Llama verde ondulante del cañaveral”.    Sus relatos son poesías que envuelven la vida del campesino en un grito perenne de justicia.  Con su pluma denunció los atropellos a los que eran expuestos estos  jíbaros a los que les sobraba la vergüenza y la dignidad pero estaban a la merced de los que tenían por demás lo que a ellos les faltaba, recursos económicos.       
Leí muchos libros en el 2011 de los cuales les iré contando poco a poco, finalmente cerré mi año leyendo “FUI REINA Y ABANDONÉ EL CASTILLO”  de Katty Llinás             una compueblana que escribió su gran odisea con un príncipe que a final de cuentas se convirtió en sapo. En él relata cómo cobró valor para desprenderse de una vida tremendamente lujosa para encontrar finalmente la paz mental y espiritual que había perdido.   Este libro es reciente y está disponible en; www.amazon.com