martes, 7 de marzo de 2017

LA INMORTAL


LA INMORTAL

 
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A INMORTAL

 "¡Hm! Matty, me parece que este antiguo espejo está comenzando a descomponerse. Esa imagen que refleja hoy luce demasiado distorsionada como para ser la tuya. ¡Condenado espejo! Tenía que descomponerse hoy; precisamente hoy que cumplo noventa años. ¡Dios mío! ¿Cómo llegué a esto? Es como si toda la vida hubiera sido sólo un sueño.

Cuánto tiempo perdido dormida en los laureles de la ignorancia. Cuánto afán, cuánta lucha. Qué inmenso trayecto he recorrido tras un no sé qué carente de forma. Ese no sé qué inexistente que algunos llaman futuro. Es un inútil correr tras una mariposa traviesa que jamás se deja alcanzar. Y al final... ¿qué queda? Una mujer a quien este espejo descompuesto le muestra una imagen vieja y desgarbada. ¿Vieja?, viejo es el viento y sopla; viejos los cerros y reverdecen. Tengo la fortaleza de un roble en pleno florecer y me niego a morir...

Ya he muerto muchas veces. Dejé mi adolescencia tendida en el monte como una hoja seca, cortando leña y cargando agua desde el pozo hasta el rancho. ¿La juventud...?, esa quedó sepultada en la pieza de caña; primero de pinche[1] y después regando abono. Pero los sábados, ¡ay, los sábados!; ese día moría inevitablemente en los inmisericordes brazos de Agustín cuando llegaba borracho. ¿Cómo es posible que alguien le pueda llamar vida a esto que, más bien, siempre tuvo fachada de purgatorio?".

Se miró en el espejo detenidamente y continuó arguyendo su extraño monólogo que se transformaba en diálogo con la Matty distorsionada del espejo. La otra Matty, la de afuera, sentía aún la lozanía de la piel y en lo profundo de su alma danzaba con gráciles pasos una hermosa adolescente de quince años:

-La Matty que vive en mí no se parece en nada a ti-le dijo a la imagen reflejada en el espejo-Eres una caricatura mal hecha, una broma pesada de algún sufrimiento viejo-La otra, la que estaba atrapada tras la frialdad alucinante del vidrio, respondió con toda la sinceridad maleada de quien está siempre a la defensiva.

 -Es verdad. No me parezco en nada a ti, pero vives en mí. Soy tu refugio y tu cárcel, el premio a la longevidad. Soy tu futuro de ayer viviendo hoy. ¡Mírate Matty! Cada surco en tu piel es un camino andado, un caminar constante sin descanso ni tregua. ¿Hacia dónde?, hacia aquí. Vives en mí Matty... y tienes que aceptarme.

-¡Espejo mentiroso! ¿Por qué tratas de engañarme? ¿Por qué me muestras ese remedo de mujer tratando de disfrazar la realidad? Eres tú espejo, el que está viejo. Los años han desgastado tus verdades y te has convertido en un mentiroso.

Dando unos pasos atrás vio cómo su imagen se reflejaba casi completamente y olvidando su desacuerdo con el espejo, exclamó horrorizada: "¡Dios mío!, mira qué panza. ¿A dónde se fue ese cuerpo monumental que atraía miradas insinuantes? ¿Quién me lo habrá robado? Agustín... sí, me lo robó Agustín. Los partos y los abortos acabaron con todo aquello. ¡Sinvergüenza, bandolero! Y encima, también se muere. Más antes se pudo haber...".

Un quejido dormido despertó en su vientre, recorrió su pecho y reventó en agonía desde su boca hasta el infinito: "No se olvida nunca a quien se ha ido. El dolor y el amor permanecen unidos eternamente en silencio, agazapados, esperando la más mínima provocación para lastimarme. Es que... lo amé tanto", musitó.

Arrastrando su muy pesada existencia se dirigió a la sala, cargando en su alma joven una pena demasiado añeja como para ser de ella. Su sala era tan modesta y sencilla como toda su casa. Poseía sólo lo necesario para su vida cotidiana. Aún así estaba invadida de grandes y poderosos recuerdos que la mantenían viva: Un baúl del 1914 (ya casi desecho) que conservaba desde que tenía 16 años, vestidos de satín y encajes, protagonistas de sueños dulcificados nunca cumplidos, cartas de un antiguo enamorado que le ofrecía liberarla de las garras de Agustín, prendas: algunas de oro, otras de fantasía fina que viajaron con ella desde su más tierna juventud hasta el ocaso. Todo a su alrededor poblaba su mundo de figuras etéreas que desvanecían su soledad sólo con recordar.

Con cierta pesadez se sentó en la mecedora y sonrió al sorprenderse musitando un nombre: ¡Agustín! Luego enmudeció cuando otro pensamiento atrajo su atención: "Oh no, pronto llegará la noche". En ese momento quiso estar acompañada. Esas sombras que-alguna vez lejanas-fueron sinónimo de amor, ahora la horrorizaban. Sin perder tiempo fue a su habitación, se miró de reojo en el espejo y balbuceó: "¡Mentiroso!". Se acomodó en la cama con su libro de oraciones y la biblia. Las primeras sombras de la noche la sorprendieron orando. Al finalizar, colocó la biblia abierta en su mesita de noche para que la protegiera de ‘ellos’. Trató de conciliar el sueño, pero un sudor frío comenzó a mojar sus sábanas y un temblor inexplicable verbeneaba  en sus entrañas. Entonces se acurrucó en posición fetal y esperó a que llegaran. Lentamente fue sometida por el cansancio y se quedó dormida.

Repentinamente un fuerte zumbido rompió la paz de su sueño. Abrió los ojos y como todas las noches, allí estaban. Los latidos de su corazón se aceleraban al máximo. Su tembloroso cuerpo permanecía a la merced de sus temibles fantasías: "¡Oh, no!, aquí están otra vez. ¡Socorro...!, ¡auxilio...!; por favor, alguien que me ayude, los disisibles me quieren llevar". Veía cómo aquellas sombras atestaban la habitación agrandándose y encogiéndose. Eran monstruos que flotaban en el aire, alrededor de su cama, se deslizaban por el suelo y caminaban hacia ella amenazantes.  Aún el reflejo de la ventana que se dibujaba en la pared anunciaba la total invasión de disisibles en la parte exterior de la casa.

Cansada ya de su perenne agonía nocturna, se armó de valor y comenzó a gritar: "¡Fuera de mi casa malditos disisibles, malditos... malditos!". Entonces, en un esfuerzo sobrehumano, Matty traspasó la barrera física, liberándose de la tremenda pesadez que la mantenía en cama. Tan enojada estaba con sus espantos nocturnos que no se dio cuenta de cómo llegó al medio de la habitación. Tan sorprendida estaba que no sabía cómo era posible que estuviera danzando con los brazos extendidos, liviana y sin dolencias. Tan confundida estaba que no se percató de cuándo ni por dónde se fueron los disisibles. ¡Tan feliz estaba que todas sus pesadillas y dolores anteriores fueron perdonados por ella!

Se acercó al espejo y se vio en la cama dormida, todavía en posición fetal. Pero ella sabía que la imagen del espejo estaba equivocada. ¿Cómo podía reflejarla en la cama si ella estaba frente a él, de pie, moviéndose?  Agitó sus brazos frente al espejo tratando de verse, pero era inútil, pues su imagen no se reflejaba. Era ahora, en este momento, cuando más necesitaba mirarse en el espejo. Sus brazos, su piel, toda ella había sufrido una metamorfosis que veía con extraordinaria claridad. Sus piernas habían adquirido la fuerza de su temprana juventud y aunque no podía verse el rostro, sentía la tersura de una piel joven: "¿Qué te pasa espejo? ¿Por qué no me reflejas ahora?" Trató de agarrarlo con fuerza para sacudirlo, pero sus manos traspasaron la vieja madera. En ese momento se dio cuenta del gran valor de su siempre incondicional espejo. Ningún ser humano conocería su rostro, a no ser por el servicio eficiente de un buen espejo: "Y ahora, ¿cómo voy a mirar mi rostro si mi espejo está descompuesto? ¡Despierta espejo, despierta!". El espejo permaneció con la misma imagen de la Matty dormida, mientras que ella, rozagante y repleta de vida, le pedía que le regalara un reflejo más: "Espejo, espejo, espejo...", Pero él nunca contestó. Hubo un momento de silencio absoluto ante el descubrimiento que recién había hecho.   Instintivamente extendió su mano derecha alcanzando una pieza de tela de satín negro y con toda la solemnidad de su alma la extendió sobre su amigo para cubrir con ella su último reflejo, la imagen de la Matty inconforme que se había quedado atrapada tras el frío cristal, congelada en el tiempo.  

Entonces, reconoció lo que había sucedido. Sí, ya no había duda alguna, este era el fin. Siempre lo había sospechado, es más, a pesar de su dolor sabía perfectamente que algún día tendría que suceder. Su amigo fiel, su compañero de toda la vida, se había terminado de descomponer. ¡Su espejo había muerto! 

 

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Modelo: Yaritza Rosa Castro



 
 
  Dedicado a  mi señora madre Doña Amelia correa cruz ,
 Quien protagonizaba  este personaje en las puestas de teatro.
Y a mi querida
                    Doña Juana Bautista Arestigueta Díaz,
                        Quien inspiró en lo más profundo de mi alma 
                el personaje de  
         Matty, La inmortal.




 

 




[1] Pinche:  Palabra que se utiliza en los campos de Puerto Rico para referirse a la persona encargada de llevarles agua a los trabajadores, especialmente a los de la caña. Generalmente utilizaban para estos menesteres a muchachos muy jóvenes, ancianos o mujeres. 

lunes, 6 de marzo de 2017

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S

e encontró de frente al edificio de las leyes. Muchas veces había estado allí y siempre la experiencia le resultaba agradable. Ver y en alguna manera u otra, interactuar con las personas que allí se encontraban le confirmaban el deseo de ser parte de ellos. Los jueces y los abogados que prestaban sus servicios en esta corte poco a poco iban identificándola, aunque nadie sabía de cierto a qué bufete pertenecía ni cual era su especialidad. Sólo sabían que ella andaba por los pasillos de aquí para allá con su cabello peinado al estilo san Antonio, vestida de negro de arriba abajo, sonando con firmeza sus finos tacones y portando un maletín negro.

Orgullosa levantó la cabeza, respiró profundo, abrió la puerta y se internó en el edificio. Subía y bajaba las escaleras, andaba por los pasillos y nunca faltaba quien le preguntara: "Licenciada, ¿dónde queda la oficina de Don Rafa, el Juez?" a lo cual ella contestaba indicándole el lugar. Luego proseguía su caminar constante, su subir y bajar escaleras, su recorrido de pasillos. A la hora del almuerzo se reunía en la cafetería con sus colegas y hasta de vez en cuando se arriesgada a tirar una que otra broma.

Un día, al salir en la tarde, caminando hacia la parada del autobús sintió el peso del maletín, la molestia de los altos tacones y sorprendida miró su cuerpo vestido de negro y se preguntó asombrada: "¡Ay Dios mío! ¿y qué hago yo con todo esto?". Un destello de luz brilló en su entendimiento, entonces recordó que meses antes había muerto su esposo y que durante este tiempo ella había vivido como en una especie de sueño, tal vez materializando sus deseos de verse como una profesional; codeándose con aquellos que tuvieron la dicha de estudiar y confundiéndose entre los que tenían el porte y la elegancia que representaban la opulencia y el progreso constante.

Sumergida en el juego de su mente, dio rienda suelta a sus anhelos, aunque realmente fuera una madre viuda con cinco hijos, pobre, salida del campo y sin estudios. Para sus colegas de la corte nunca hubo duda de que fuera la ‘Licenciada’, la elegante y misteriosa mujer que vestía de negro. La que representaba con toda veracidad y orgullo a la fémina profesional de esa época, inspirando en todos: jueces, abogados y compueblanos comunes, autoridad y respeto.

 
Dedicado a todas esas personas que vuelan muy alto en alas de la imaginación

domingo, 5 de marzo de 2017



¡En mi viejo San Juan, cuántos sueños forjé

 en mis años de infancia...!

Q

ué lindo es mi Puerto Rico y qué restaurador es visitar su ciudad capital. Muy buena inspiración la de Noel Estrada al escribir una canción sobre los encantos de mi viejo San Juan y hacerle un homenaje a los que están lejos de la Isla.

Siempre que mi familia y yo tenemos la oportunidad de salir a pasear, vamos al Viejo San Juan. Habiendo otros sitios igualmente interesantes que visitar en Puerto Rico, terminamos en San Juan. Debe ser porque es un lugar lleno de historia: cada rincón, cada esquina, cada plaza, en fin, la capital completa tiene su encanto particular y su magia. Es el punto de diversión de los niños en Navidad y Reyes, el de los 'inefables’ enamorados en San Valentín y el de los mayores con sus sabrosas tertulias y bailes los sábados y domingos.

En una ocasión íbamos caminando por el área de recreación que queda cerca de los muelles. En ese sitio hay tantas cosas para ver y tantos aperitivos para comer: piraguas, algodones de azúcar, rosetas de maíz, manzanas cubiertas de una rica y dulce capa de almíbar, "hot dogs", la rica piña colada, churros; de todo para que cualquier persona pueda complacer sus antojos y saciar su hambre. Volviendo al tema, nos detuvimos a ver el inigualable talento del famoso artesano que hace maravillas con un soplete y una varilla de vidrio. De momento nos topamos con un grupo de alegres damas que estaban de gira y venían hacia nosotros cantando y bailando al son de la música de "Rumba" (una lancha de dos niveles que siempre está en el área esperando a los turistas para darles una vuelta por toda la costa Sanjuanera). Las damas se detuvieron en el área a esperar a otras muchachas. Así mismo, todas eran muchachas entre las edades de 55 a 80 años. De pronto surgió una polémica entre Tomasa y Finita, dos integrantes del grupo. Me pareció que algo interesante iba a ocurrir, así que presté atención al asunto y esto fue lo que ocurrió:

-Oye Finita, ¿Dónde está Regalada?

-Cuando estábamos en Cataño, la vi al lado mío, pero luego no la vi en la lancha.

-Pero… ¿por qué no dijiste nada?

-Pues, qué sabía yo que Regalada se había quedado. ¡Pa’ adivino Dios y pa’ sabio Salomón! A mí que no me echen la culpa. Tú sabes cómo es ella de zalamera y ‘enamorá’.

Cuando Finita hablaba de que Regalada se había quedado se refería a que, luego de haber dado el viaje en lancha de San Juan a Cataño, ella no se montó en la lancha de regreso a San Juan junto con el grupo. Mientras se regaba la voz sobre la ausencia de Regalada, se aproximó el guía turístico (más bien era el encargado de las chicas) y todas le gritaron eufóricas:

-¡Regalada se quedó!

-¿Qué ustedes dicen… que Regalada se quedó?- Y todas a coro repitieron con la misma euforia:

-¡Sí, Regalada se quedó!

-Pues... no se muevan de aquí que yo voy a buscarla.  ¿Escucharon?  No se muevan de aquí.

Desesperado por no saber el paradero de Regalada y reconociendo que todas estaban bajo su responsabilidad, se fue al puerto de las lanchas con la esperanza de encontrarla. Dos de las muchachas (Melita y Paula), por estar echándoles el ojo a los corpulentos turistas que se paseaban por el lugar, no se percataron de la situación y al ver las caras de preocupación de las demás-excepto la de Finita- pensaron que algo ocurría y preguntaron qué había pasado. El coro volvió a cantar a capela: "Regalada se quedó". Entonces, ni tontas ni perezosas, también salieron, como alma que lleva al diablo. "Oye, para dónde van ustedes. Julián dijo que nos quedáramos aquí TODAS", vociferó Tomasa. Ellas contestaron: "Vamos al rescate de Regalada". Hilda, que no había pronunciado palabra ante aquella tragicomedia, dijo: "Ahora se fastidió la cosa, qué bonito sería que Regalada apareciera y esas dos se perdieran... bonito show".

Mientras Julián, Melita y Paula iban al rescate de Regalada, mi familia y yo estábamos atentos a cada detalle y cada movimiento de las divas, que compartían entre ellas y disfrutaban, aunque refunfuñaban porque Regalada les había atrasado la gira. En un momento dado mi hija mayor quiso irse, pero yo le dije: "No mi’ja, nos quedamos aquí hasta que Regalada aparezca porque yo quiero conocerla".

Estaba admirada con la energía que irradiaban todas las chicas y de su alegría contagiosa que era una de sus características principales. La vestimenta que lucían me encantó: unas vestían blusas de colores llamativos, pantalones "baguie" y zapatos de taco mediano, las más atrevidas llevaban mahones y botas o tacos de 4 pulgadas, algunas lucían sombreros y otras gorras o flores en el cabello, pero todas se veían felices de estar vivas y con ánimo de seguir ‘gufeándose’ la vida. Allí no importaba la edad para nada, las niñas se veían contentas y felices, libres de preocupaciones y tristezas viejas. Estaban disfrutando cada detalle de la ciudad capital como si estuvieran solas en aquel hermoso lugar, viviendo en su propio mundo. En ese momento parecían niñas. Así yo las vi, como niñas... y quise ser como ellas.

Por fin llegaron Melita y Paula y dieron la agradable noticia: "Regalada apareció. Gracias a Dios está con Julián. Él dijo que debemos irnos al área de las lanchas", indicó Melita. El coro volvió a activarse, esta vez gritando un "Yesssss" eufórico. "Peso a morisqueta que Regalada regresó con un marchante", insistió Finita. "Esta vez conquistó un ‘peje’ gordo... el Capitán de la lancha. Y allí se quedó cantando: Me voy, ya me voy, pero un día volveré, a buscar mi querer, a soñar otra vez en mi Viejo San Juan", vociferó Paula con acento sarcástico, aunque jocoso, captando la atención de los allí presentes y haciéndoles desternillarse de la risa.

De la misma forma en que las muchachas llegaron, dándole vida al esqueleto y cantando, así mismo se fueron, algunas moviendo su despampanante trasero como "Tembandumba de la Quimbamba[1]". Sentí tristeza al no poder ver a la protagonista de esta historia. También sentí deseos de escaparme a la aventura con esas chicas de la locura. Hasta me quedé con las ganas de decirle a Regalada: "Estarás en mi libro"; pero mi corazón se quedó frente al mar, en mi Viejo San Juan… y volví a la misma rutina de siempre.

Espero que suceda uno de esos milagros que ocurren a cada rato y que Regalada pueda leer la historia que le escribí y le dedico, tanto a ella como a todas las personas mayores que, pese a las circunstancias, continúan siendo ejemplo de vida y esperanza. ¡Adiós, adiós, adiós, mi diosa del mar...

                Carmen e Idalia Castro Correa

 

 

 



[1] Tembandumba de la Quimbamba es  una imagen de sensualidad que describe a la mujer antillana, expresa da por Luis Palés Matos en su poema Majestad Negra.

viernes, 3 de marzo de 2017

Fallece la Actriz Puertorriqueña Miriam Colón






NUEVA YORK.- La actriz Miriam Colón, fundadora del Teatro Rodante Puertorriqueño, falleció hoy en su hogar de Nueva York, a los 80 años, debido a complicaciones pulmonares, informó hoy en un comunicado su esposo, el también actor Fred Valle.
Rosalba Colón, directora del teatro Pregones y codirectora del Teatro Rodante Puertorriqueño, lamentó la muerte de la actriz, productora y educadora, en el comunicado conjunto en que se informa de su deceso.
Colón, que nació en la ciudad de Ponce, en Puerto Rico y emigró a Nueva York en 1953 para continuar sus estudios en actuación, realizó teatro, cine y televisión, tanto en español como inglés, junto a figuras como José Ferrer y Raúl Juliá, Sharon Stone, Al Pacino, Marlon Brandon, Meryl Streep o Harrison Ford, entre otros.
La actriz, reconocida por su trayectoria con premios como el García Lorca de la Universidad de Granada o la Medalla Nacional de las Artes de EEUU, fundó hace 48 años el Teatro Rodante Puertorriqueño, que se convirtió en una institución y referencia en esta ciudad, ubicado en la zona de los teatros en Broadway.
  Miriam Colon recibiendo la Medalla de las Artes de mano del presidente Obama en el Salón Este de la Casa Blanca. el 10 de septiembre de 2015. (Alex Wong/Getty Images)© Proporcionado por Impremedia LLC Miriam Colon recibiendo la Medalla de las Artes de mano del presidente Obama en el Salón Este de la Casa Blanca. el 10 de septiembre de 2015. (Alex Wong/Getty…
En una entrevista concedida a Efe con motivo del 40 aniversario de esa institución, Colón recordó cómo logró, contra todos los pronósticos, obtener una antigua estación de bomberos para convertirlo en un centro cultural.
“Fue un proceso largo y maravilloso de aprendizaje y de seguir atrayendo gente, especialmente latinos”, indicó entonces la actriz latina, que en la década de 1950 se convirtió en miembro del Actor’s Studio, la asociación que reúne a actores, directores y guionistas.
“Desde el principio -añadió- sucedió que aunque se llama Teatro Rodante Puertorriqueño, nos dimos cuenta enseguida que esto no es solo de nosotros, que somos hispanos y que el mensaje es que cuando nos unimos, aunque seamos de distintos países, representamos toda una cultura”.
La actriz creó, como parte del Teatro Rodante, la Unidad de Entrenamiento de actores Raúl Juliá, la Unidad de Dramaturgos y la Unidad Rodante, que lleva obras gratis a los vecindarios.
Inició su carrera a los 12 años de edad y protagonizó su primera película, “Los peloteros”, para la División de Educación de la Comunidad de Puerto Rico.
En Nueva York estudió con los maestros Elia Kazan y Lee Strasberg. En Hollywood se sumó a los elencos de series populares como “Bonanza” y “Gunsmoke” y de largometrajes del momento como “One-Eyed Jacks” y “The Appaloosa”, con Marlon Brando.
Estremeció al público, junto a Al Pacino, en el papel de Mama Montana para la película “Scarface”, de Brian De Palma.
Otras de sus colaboraciones estelares fueron “Lone Star” y “City of Hope” de John Sayles, “All The Pretty Horses” de Billy Bob Thornton, y el papel principal en la adaptación fílmica de la novela “Bless Me”, de Rudolfo Anaya, recuerda el comunicado.
Agrega que su trabajo en las tablas fue tanto o más perdurable y destaca el éxito de la producción de “La carreta”, del puertorriqueño René Marqués, en Nueva York en 1966, que protagonizó junto a Raúl Juliá y Lucy Boscana, bajo la dirección de Lloyd Richards.
Información obtenida por  MSN.

LUZ EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS











Grano a grano llena la gallina el buche, así decía mi abuela. Cada cosa por pequeña que sea trabaja en favor de proclamar el evangelio de Dios. Postear cosas que edifican es un paso más en la evangelización. Dios no tiene límites en cuanto a diseminar su palabra. A veces una simple palabra puede ser un extraordinario cambio para alguien aunque para la mayoría de las personas no signifique nada. Dios obra por senderos misteriosos y cada uno de nosotros somos instrumento en sus manos, no importa lo mucho o lo poco que podemos hacer. No soy persona afiliada a ninguna iglesia, respeto a todas las religiones, respeto la forma de cada cual de predicar su evangelio de la manera en que Dios lo pone en cada corazón, pero no permito que nadie diga que por que no voy a la iglesia yo sea menos cristiana. La razón es por que debemos de definir lo que es una real iglesia, yo no voy a la iglesia tradicional, pero realmente y lliteralmente voy a una iglesia todos los días sin fallar. A esa iglesia me envia Dios mismo, con instrucciones específicas. Mi esposo y yo somos realmente instrumentos de Dios, siguiendo las directrices que Él nos imparte. De Él recibimos la fortaleza, el amor y la gran ternura que se necesita para realizar la labor que realizamos diariamente. Tenemos que congregarnos dice la Biblia, cierto, hay que congregarse. Congregarse en ese lugar donde estemos dos o tres en el nombre del Señor, haciendo el bien en su nombre, sin fanatismos, escuchando su voz, dándole alivio a aquellos que realmente necesitan una mano maravillosa o una voz sublime que les abrace el espíritu. Esa es la iglesia donde nos congregamos día a día. Donde la presencia de Dios camina con nosotros y nos convierte en luz en medio de las tinieblas.

jueves, 2 de marzo de 2017

Enamorada


ENAMORADA


Él rozó sus manos y ella sintió que su cuerpo entero vibraba de secreta emoción:

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acía algunas semanas que él venía dándole ciertas señales que primero la ilusionaba y después la confundía. Cómo era posible que todo un gran señor se fijara en ella que era tan pequeña e insignificante; un morenazo alto que medía casi seis pies, entradito ya en los cuarenta años. Ella sabía que había una notable diferencia de edad entre ambos, pero su locura temporal le insistía constantemente que para el amor no existe la edad ni el color ni nada. No hay barreras cuando el amor se manifiesta de una manera tan real, tan sublime, incluso cuando con sólo mirarlo ella se sentía viva, se sentía mujer con deseos de entregarse y de ser amada . Él era la figura máxima en su iglesia (después de Jesús, claro está); era el pastor recién llegado con un  impactante testimonio. Su rostro mostraba las cicatrices dejadas por la lucha que protagonizó en su vida con el enemigo. Sus orejas evidenciaban las peores cicatrices quedando carcomidas por una lepra de la cual fue sanado, gracias a la fe y la continua oración. Ese era su testimonio constante, sobre el cual Sixto se apoyaba para hacerle ver a sus feligreses que él también sabía lo que era el sufrimiento y la enfermedad.

Sixto contaba con el apoyo incondicional de todos los hermanos y hermanas de la iglesia. Sus planes eran expandir sus territorios y salir a predicarle a todas las personas posibles con la intención de llenar la iglesia de almas nuevas que, aunadas a los miembros regulares, conformaran una iglesia más grande y más fuerte. Ella se fue enamorando poco a poco, primero de sus predicaciones, después de su corpulenta apariencia. Él, curioso y perspicaz, había adivinado sin mucho esfuerzo aquel secreto guardado con gran recelo tras un inocente y dulce rostro cubierto por un velo de encaje blanco. Con el pasar de los días la amistad entre ambos se hizo más fuerte. Él la visitaba en su casa y ella, buena cocinera al fin, lo agasajaba con los mejores manjares. A veces comenzaban a hablar en inglés porque ambos dominaban el idioma y en una que otra ocasión ella amablemente le recordaba que no era de buenos modales hablar inglés en frente de otras personas que no entendían el idioma, a lo cual él asentía dándole la razón.

La relación se fue tornando un poco más evidente para los familiares de ella y comenzaron a sentirse incómodos por las diferencias que existían entre ambos. Sixto siempre les aseguraba a todos que la relación era solamente de amistad, pero ella, totalmente enamorada, comenzó a defender su amor con uñas y dientes: "Soy una mujer mayor; tomo mis propias decisiones y nadie debe intervenir con ellas". Entonces todos la obedecieron y dejaron de intervenir en los asuntos que a ella concernían. Él, aprovechando esa coyuntura, continuó trabajando en su plan de conquista. Él le había hecho la observación de que ella se merecía vivir mejor. Le comentó que la casa de ella era muy pequeña y que realmente ellos dos necesitaban algo más espacioso para vivir: "¿Qué te parece si vendes esta casa y con el dinero compramos otra más grande?". "No, yo no puedo vender esta casa porque realmente esta casa no se hizo para venderse". Después de esa contestación no se habló nada más sobre el asunto. En vez de eso, Sixto siguió insistiendo en conseguir un mejor lugar donde ambos pudieran disfrutar de su amor en plena libertad y sin rendirle cuentas a nadie.

Dicen que el enamoramiento se produce después que el cerebro segrega una sustancia especial. Ésta enajena totalmente al ser humano dejándolo desprovisto de herramientas para ver realidades que otras personas pueden ver con completa claridad. Ella estaba totalmente enamorada y no tenía la claridad mental suficiente como para discernir las malas intenciones de este pseudo pastor que se había convertido en el gran amor de su vida. Caminar junto a él, agarrada de su fuerte brazo, la hacía sentirse más que privilegiada, orgullosa y envidiada por todas las demás feligresas, que también secretamente guardaban un sentimiento especial para él . La espera para entregarse a él le parecía infinita. Con mucha ilusión preparaba su ropa interior, su "babydoll" roja, sus talcos y sus perfumes.

Los enamorados hacían planes sobre su futuro y hasta hicieron las gestiones para rentar una casa. Fueron al banco y retiraron lo que a ella le costó casi toda una vida de sesentaicinco  años reunir. Ella le entregó el dinero a Sixto para pagar la casa que habían rentado. Mientras tanto, preparaba la mudanza para irse a disfrutar de ‘su gran amor’ en su nueva vida. Esta era la última oportunidad que la vida le entregaba de ser completamente feliz.

Sentada en el balcón de la casa esperaba ansiosamente a su amado Sixto. Esperó un día, dos días, tres días... mientras la tristeza retorcía su esperanza y la incredulidad la fortalecía. ¡Sixto jamás regresó! Su ilusión marchita, rota, encorvó sus espaldas de ochenta años; la última decepción de amor, su último gran dolor. Después de algunos meses se sacudió la pena, se despojó de los malos pensamientos y decidió seguir viviendo. Como en un cuento infantil, apareció un hada madrina con una varita mágica borrando completamente de su memoria aquella vergonzosa experiencia. Durante doce años más fue feliz de nuevo y luego... se quedó dormida.

 

A Sixto Rodríguez,

escoria humana, vergüenza del evangelio.

 

 

miércoles, 1 de marzo de 2017

SE REPITE LA HISTORIA

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egresar a la patria es como volver a nacer. Cuando vuelves, la persona en la que te has convertido se queda de vacaciones y te regresa la esencia de antaño:

Cada vez que voy a la isla experimento una nostalgia tal por el lugar donde pasé mis primeros años de vida que, en una manera u otra, intento visitarlo. Pero tenemos un pequeño problema y es que ahora el lugar es propiedad privada y lo que era el camino principal que nos llevaba a casa está cerrado por un portón de tubos de metal.

Hace dos años atrás le hice saber a mi familia que no me iría de Puerto Rico sin visitar mi amado campo. Nos reunimos un grupo de familiares y partimos rumbo al hogar que habíamos dejado rezagado durante cuarenta y ocho años. Recuerdo el día en que lo abandoné, tan claro como si fuera hoy. Algunos meses después de la muerte de mi papá, mi mamá optó por salir del campo y decidió mudarse al pueblo; en el pueblo había más oportunidades de trabajo para sacar a sus cinco hijos adelante. Ella no quería dejarnos solos en el campo mientras trabajaba. Vivir en el pueblo le facilitaba todo.

Recuerdo que el día antes de la mudanza fui a un costado de nuestra casita de madera-siempre pintada de azul-y comencé a hacer un hueco en la tierra. Mi hermano Mario me miraba y se reía. Con curiosidad me preguntó: "Idalia, ¿qué haces?" "Voy a sembrar esta habichuelita para que crezca mientras yo no esté aquí. Cuando vuelva la plantita va a estar grande y vamos a tener habichuelitas para comer". Sembré la planta queriendo dejar algo de mí en aquel lugar que amaba tanto. Era como plantarme y aferrarme a esa tierra que vio mis primeros pasos, que supo todos mis dulces sueños infantiles y que abrió mi imaginación para el resto de mi vida.

Al día siguiente llegó el camión de la mudanza. Era pequeño, con barandales de madera en la parte posterior. Pusieron ahí las pocas pertenencias que teníamos y aún nos sobró espacio para subirnos atrás Mario, Delfina y yo. Luciano y Carmín iban al frente con mami porque eran más pequeños. Esa fue la última vez que vi mi casita de campo y ese día... perdí la libertad.

Todos los grandes cambios en la vida requieren de un sacrificio, un precio que pagar. Esta vez nos tocó sacrificar a nuestro perro Sultán. Lo dejamos solo en el campo porque no se nos permitía llevarlo a nuestro nuevo hogar. Mario, siendo el mayor, de vez en cuando regresaba a la casa y le llevaba de comer, pero el resto del tiempo Sultán se las ingeniaba robándole comida a los vecinos. Cierto día, cuando Mario fue a llevarle comida, lo encontró muerto. Un vecino enojado lo había envenenado. Así se cerró la historia de nuestro ‘parlanchín’ amigo de juegos y aventuras.

Dicen que el tiempo cura las heridas, pero siempre quedan las cicatrices que nos recuerdan el proceso. Ahora, escribiendo este relato, me doy cuenta de cuántos años pasaron sin que yo pudiera pisar el camino de barro que conduce al lugar donde nací . Con el paso de los años yo había olvidado cómo llegar a este lugar especial, así que Carmín habló con una persona que se crió en nuestro campo, el Sr. Pedro J. Amadeo Quiñones, entrenador de atletismo de mi sobrino Pedrito. Muy gentilmente, con el espíritu servicial que le caracteriza, él nos llevó justo al frente del portón que da acceso al camino de barro. Éramos unas cuantas personas: mi mamá, mis hermanas, mi esposo, mi sobrina, mi cuñado, Amadeo y yo. Mi mamá se quedó a orillas del camino con mi cuñado. Los demás saltamos el portón y entramos a la propiedad.

Era mi sueño de muchos años llegar hasta donde estaba ubicada mi casa y comencé a subir por el camino naranja, que mágica y literalmente me hacía producir sudor del mismo color del barro por donde caminaba. En cada paso iba dejando atrás a la mujer madura y en su lugar afloraba la niña que nunca se había ido. Me detuve en el tope para mirar la montaña donde estaba la casa donde vivía abuelo Epifanio con abuela Julia. Luego comencé a bajar y de lejos pude vislumbrar el lugar donde estaba la casita de tío Patricio y Marta. Ese lugar en específico se caracterizaba por dos grandes cepas de bambúes. Efectivamente allí, donde mismo las había dejado, estaban los bambúes. Pero ya no eran dos cepas. Con los años habían contraído matrimonio y ahora eran una sola cepa. Admirada me detuve frente a ellos. No había movimiento. Era como si estuvieran pintados en la naturaleza. Me acerqué para tocarlos y alzando mis brazos les dije: "Hola, estoy aquí, ¿no me van a saludar?" Fue un momento mágico, pues inmediatamente comenzaron a moverse de un lado a otro para saludarme hablándole a mi corazón con su "cla, cla ,cla, cla, cla, cla...".

Desde ese punto podía ver el terraplén donde estaba ubicada la casa de mi tía y también podía ver el lugar donde estaba mi casa. Si yo hubiese tenido una varita mágica hubiera podido apuntarla hacia el terraplén y las casitas hubieran caído perfectamente en el lugar donde estaban originalmente. El terreno estaba llano, sin malezas, esperando llenarse de vida. Mi esposo se adelantó y bajó hasta el lugar donde estuvo mi casita; caminó un poco más y llegó hasta la quebrada. El agua limpia, cristalina y fría lo invitó a saciar su sed. Yo observaba mientras caminaba, ansiosa por tocar con mis pies mi pedacito de tierra añorada. Había algo que se me quedó en ese lugar y estaba a punto de recogerlo. Repentinamente mi hermana Delfina nos gritó: "Hey, tenemos que subir". "¿Qué pasa?", le pregunté. "No, no puedo decirte, corre... sube". Yo miraba para atrás viendo que estaba sólo a segundos de llegar a la realización de mi sueño, pararme sobre la base donde de niña había vivido las experiencias que me formaron como ser espiritual, donde mi espíritu reconoció a pura conciencia que había regresado a la existencia. "¡Corre!", me gritó de nuevo; y yo estúpidamente corrí alejándome del éxito. ¡Cuántas veces he visto de lejos la tierra prometida donde fluye leche y miel! ¡Cuánto he caminado en la vida y cuando estoy a punto de llegar, simplemente corro hacia el punto de partida! "No más", me dije; "la próxima vez correré hacia mis miedos".

Al salir me enteré de que en el lugar habían unos toros ‘cebúes’ muy peligrosos. Cuando mi esposo y Sheila, mi sobrina, subieron la montaña, él venía con una pana en la mano que había recogido desde el suelo de un árbol que había sembrado mi papá. Al otro día pudimos degustar de este regalo que venía directamente del trabajo y el sudor de un hombre que había muerto cuarenta y ocho años atrás. Después de todo alcancé a saborear mi pedacito de tierra, aunque me quedé con el dolor de no haber llegado a mi meta.

El año pasado regresé a Puerto Rico, como casi todos los años. Esta vez, un día antes de salir para Estados Unidos, pasé por el lugar con mi hermano Mario y Jorge mi esposo. Estacionamos el auto frente al portón y de lejos pudimos ver el ganado que habita el lugar ahora. ¡Imposible acceder al camino! Al otro extremo, muy cerca de mí, cuatro perros trataban de ahuyentar a un quinto perro. Ellos le ladraban, le hacían frente, le tiraban a morder, hubo un momento en que todos se enfrascaron en una pelea revolcándose entre la maleza. Era una lucha desigual, cuatro perros contra uno. La unión de los muchos venció. El perro vencido se alejó de ellos, yo lo miré apenada, él también me miró y en su mirada indignada y llorosa pude reconocer...

                                     ¡Los ojos de mi Sultán!