viernes, 11 de mayo de 2012

AMELIA

Amelia Correa en su personaje " Matty" de la obra de teatro "La Inmortal"

La vida la llevaba a  prisa. Apenas contaba con trece años de edad y ya se encontraba inmersa en una relación romantica.  A los catorce años podia sentir cómo su vientre mágicamente se abultaba para traer al mundo a su primera hija, María Luz. La ilusión de una nueva vida, que era su responsabilidad, la enfrentó inesperadamente a una realidad ineludible; se convertía en mujer antes de tiempo. Atrás debían quedar sus sueños fantasiosos, sus ansias de aprender, su deseo de brillar en la sociedad, aunque muy dentro de su ser sabía que era alguien especial.
Con el pasar de los años siguieron llegando más niños, más responsabilidades, menos tiempo para ella. La miseria, el hambre y las enfermedades le arrancaron del alma algunos de sus retoños.  A los otros se los pudo ella arrancar de los brazos a la muerte. Mientras más crecían sus hijos se crecía ella también en edad cuerpo y sabiduría.  Traía dentro de su alma una imagen grabada; se soñaba vestida de blanco, con su cofia, sus medias y zapatos blancos. Cada vez que veía a una enfermera con uniforme suspiraba y decía: "¡Algún día... algún día!".  Su esposo nunca permitió que ella trabajara o que fuera a la escuela a terminar su educación.  Había muchos niños que atender, mucho trabajo que hacer en la casa.  Al pasar los años su esposo enfermó y ella le dedicó todos sus cuidados.   Él sabía que ella había sacrificado muchas cosas para dedicarse a la familia, así que un día él le dijo: "¡Qué podré hacer para pagarte tanto sacrificio!" y ella, que también llevaba una artista  aferrada al alma, le contestó sin pensarlo dos veces: "Cuando te recuperes llévame a participar a Tribuna del Arte".
El conocido Tribuna del Arte era un programa radial de artistas aficionados, muy famoso en aquellos tiempos, animado por Don Rafael Quiñones Vidal; de ahí salieron muchos cantantes que luego se hicieron famosos.  Cada sábado Amelia escuchaba el programa y se transportaba imaginariamente a la estación de radio. Su talento para cantar estaba más que probado. Poseía una melodiosa voz  natural que llamaba la atención de quien la escuchara cantar. Todos sabían que ella era totalmente capaz de ganar el galardón principal del programa de radio y su esposo también lo sabía: "Te prometo que si me levanto de esta cama te llevo a Tribuna del Arte, pero si me muero vé tú porque mi espíritu irá contigo". 
Algún tiempo después su esposo falleció y ella decidió mudarse con su carga de hijos del campo al pueblo.  Necesitaba moverse hacia un lugar donde se le hiciera más fácil conseguir trabajo y de paso tener un mejor lugar donde terminar de criar a sus cinco hijos.  Así que un buen día llegó el vehículo que transportaría a la familia hacia su nueva morada. Las pocas pertenencias que tenían cabían perfectamente en el camión y hasta sobraba un espacio cómodo para que los niños viajaran en la parte trasera. 
Después de algunos meses ubicándose y adaptándose a su nueva vida, se vistió con sus mejores galas y se fue en transportación pública hasta la estación de radio donde se transmitía el programa.   Allí en los ensayos descubrieron que ella se desarrollaba mejor cantando la música típica puertorriqueña.   Sus hijos en la casa esperaban el momento cumbre cuando por primera vez escucharían a su madre cantar a través de las ondas radiales.  ¡El momento llegó!  Don Rafael Quiñones Vidal anunciaba:   "Ahora con nosotros tenemos a esta joven viuda, 'la viudita alegre' Amelia Correa Cruz,  que nos canta un Seis Fajardeño, escrito por su padre, Don Juan Correa Félix".  La voz de Amelia se esparcía llegando hasta los rincones menos imaginados y llenando aún la  sala  de su casa y en ella, presos de una indescriptible emoción, se encontraban sus más fieles fanáticos.   La emoción fue mayor cuando al finalizar su actuación  Don Rafael Quiñones Vidal anunció: "Y nuestra viudita alegre se ha ganado: ¡una, dos, tres estrellas!". Este era el máximo galardón para la primera noche; tres estrellas que, además de significar que Amelia entraría a la segunda etapa, tambien representaba el premio de tres dólares que para ese tiempo ¡eran muy buenos!  Los que no ganaban recibían la "pesetita voladora", o sea, veinticinco centavos para el pasaje de regreso a sus casas.  Llegó la segunda semana y Amelia volvió a manifestar su maravilloso talento, esta vez ganó ocho estrellas.  A la tercera semana 'la viudita alegre' estaba muy nerviosa, pues si ganaba el premio de cincuenta estrellas entraría a formar parte la "Academia de Tribuna del Arte", donde tendría la oportunidad de participar del programa por un año para luego graduarse y recibir su diploma como toda una profesional en el arte del canto.  Toda su fanaticada estaba pendiente junto a la radio, los que la admiraban y estában seguros de que pasaría la prueba. Esperaban el momento cumbre en que se anunciaría el ganador de la noche, cuando de momento comienzan a fluir a través del aire los dulces acordes instrumentales de la melodía Campanitas de Cristal.  Los que estaban en el estudio fueron testigos oculares del momento en que el distinguido caballero Don Rafael Quiñones Vidal caminó hacia Amelia, gentilmente se inclinó ofreciéndole su brazo y con mucho orgullo desfiló con ella por todo el estudio a la vez que decía:  "¡Esta mujer canta mejor que un hombre!  Señoras y señores,  la ganadora de las cincuenta estrellas es...  Amelia Correa Cruz".  La algarabía corrió por medio de las ondas radiales y llegó hasta su hogar donde todo era emoción y sabor a victoria.  Esa fue la recompensa al sacrificio y al deseo de lograr lo que se quiere.  Amelia finalmente había comenzado a realizar su sueño y semanalmente iba a la emisora hasta que recibió su diploma de Tribuna del Arte.  Después de esa experiencia cantó en distintos lugares con nuevos bríos y nuevo nombre: 'La Consentida de Gurabo'.   Así pudo confirmar que, como dice la biblia, "Todo es posible si puedes creer".  
Su nueva vida trancurría llena de mucho trabajo, esfuerzo y capacitación diaria. Poco a poco abría sus ojos a este mundo que ofrecía recompensas a todo aquel que quisiera desarrollarse y sobre todo esforzarse. Después de un tiempo de trabajar como empleada doméstica en casas de personas pudientes se fue a trabajar a una fábrica de carteras y luego a diferentes escuelas públicas del pueblo de Gurabo como empleada de comedores escolares. 
El tiempo pasaba de responsabilidad en responsabilidad, sus hijos crecían y ya ella tenía un nuevo compañero y un nuevo hijo. Continuaba trabajando sin cesar,  pero dentro de su alma permanecía ese ferviente deseo de convertirse en enfermera. Ya había entrado a los cuarenta años y cada vez veía que su sueño estaba más lejano. Existe una ley divina que muy pocas personas conocen.  Todos alguna vez la han mencionado aunque realmente muy pocos le conceden la oportunidad de dejar de ser palabra para que se convierta en poder. Esa palabra mágica es la fe. No es esa fe romántica, no es esa fe vana, es esa fe que te hace ver las cosas que aún no son como si fueran. Amelia fue empujada por esa fe en medio de sueños y revelaciones.  Ella le había orado a Dios por el logro de su sueño. Le había dicho: "Dios, ya mis hijos están grandes yo creo que este debe ser mi tiempo para trabajar sobre mi meta; por favor, hazme saber si me conviene embarcarme a esta edad en este proyecto tan difícil".  Esa noche entró en un plácido sueño, llegó hasta una gran sala donde había muchas personas  y alrededor  se distinguían unos inmensos ventanales. El sol se colaba en todo su esplendor llenando la sala de luz.  Amelia caminaba por el lugar admirada por su hermosura.  Al fondo pudo apreciar una figura que llamó su atención,  en ese momento la figura comenzó a levitar acercándose hacia ella; inmediatamente supo que era un ángel, un ángel negro que irradiaba paz y armonía. Entonces le dijo:  "Amelia, sé que hace muchos años estás tratando de llegar hasta lo que es la misión de tu vida; ahora es el tiempo, vé y estudia que yo te voy a ayudar. Este sueño fue la confirmación que estaba esperando.  Inmediatamente comenzó a hacer los trámites para ingresar a  la escuela de enfermería Marta del Río. Muchas personas se sorprendieron de ver estudiando a una  mujer que supuestamente ya tenía su vida hecha y no faltó el ignorante que comentara que eso era una pérdida de tiempo.  Un año después Amelia desfilaba vestida de blanco realizando la ceremonia de "Toma de Cofia" y  luego se graduaba llevando en sus manos una lámpara encendida, símbolo de amor y compromiso ante los demás.  Finalmente se jubiló después de haber disfrutado más de veinte años de trabajo ayudando a miles de personas en el área de emergencias y en las salas de parto y post-parto del Hospital Sub Regional de Caguas, Puerto Rico.  Logró su sueño y aún después de haberse jubilado, sigue soñando con la misma intensidad porque aprendió que:
                   ¡Soñar es la llave que activa la fe! 

miércoles, 25 de abril de 2012

ESA ERES TÚ



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Mi imagen se reflejaba en el enorme espejo del baño, la luz perfectamente ajustada al ambiente mostraba una mujer madura con el rostro reluciente de felicidad por el nuevo empleo que era la contestación a las plegarias y anhelos anteriores.  Junto a mi una mujer hermosa que señalando mi imagen en el espejo me dice, “mira esa eres tú”.  Si, esa soy yo, contesté.  ¿Tú ves esa otra mujer en el espejo? Le pregunté. Sorprendida la miró y dijo, si, yo la veo.  ¿Es bonita verdad?  Si, en bien bonita, me contestó. Pues esa mujer tan bonita que ves en el espejo eres tu, le dije.  Me miró con cara de incredulidad y un dejo de angustia pasajera que poco a poco iba  convirtiéndose en alegría. Levantó la vista y por un instante se concentro en la mujer que se reflejaba en el espejo, “mira, tiene el pelo blanco pero es linda” dijo.    Si, esa eres tú, insistí,   se miró nuevamente en el espejo,   sonrió de medio lado  feliz de reconocerse por un breve instante y luego regresó a su aturdido mundo  repleto de fantasías.

lunes, 2 de abril de 2012

SHEILA ROSA CASTRO, Nuestra mujer de temple de hoy

Hoy me complace presentarles una joven  que comienza a despuntar como actriz y productora. Estudiante la Universidad del Sagrado Corazón en la cuidad de San Juan  de Puerto Rico.  Su especialización es el teatro.   Es la directora de un grupo de 25 artistas jóvenes  que llevan por nombre  ImaginARTE. La semana pasada después de muchos ensayos algunos de  estos jóvenes llenos de energía, vitalidad y sobretodo sueños  se presentaron en escena, siendo de acuerdo con  las críticas un total éxito.     Daniel Cardona, Erick Carrion, Jesus Roman, Belkis Colon, Marianela Payan, Ulises Santiago, Orlando Carle, Cristina Rodriguez,  Iris Fortuño, David Cardona bajo la producción de Eric Carrión  y dirección  de  Sheila Rosa  se botaron en el escenario.  La energía que fluía era contagiosa  y el mensaje expresado llego al público claro y preciso.    “Tenemos que apoyar a nuestros jóvenes para que cumplan sus sueños”  Comentó  Sheila Rosa orgullosa de su grupo de teatro.  Hoy en Mujer de Temple le rendimos homenaje al trabajo, esfuerzo y dedicación de esta joven y  a su grupo  que con pasión y orgullo  enarbolan la bandera del arte do quiera que van.  
Aquí les dejo la certera  crítica que les hiciera  EL POST ANTILLANO.


Unas palabras por la libertad: Festival de Monólogos en San Juan




De otro lado se destacaron también los jóvenes Daniel Cardona (“Los sueños sueños son, de Calderón de la Barca; y Scent of a woman, de Martin Brest); y, Jesús Román en una obra de su autoría (¿Qué es el amor?).  Ambos actores resultaron ser muy talentosos y dinámicos.

Curiosamente fui en la tarde de un domingo a una de las principales universidades privadas de San Juan, la Universidad del Sagrado Corazón, y me topé con un festival de monólogos que auspiciaba el grupo teatral Asociación Imaginarte.  Un grupo de estudiantes de teatro de la referida universidad, que se han juntado para en sus ratos de ocio, cantarle un cuento a la vida. 
Con un elenco de ocho jóvenes actores, y bajo la dirección de la estudiante (unos años mayor que los otros) Sheila Rosa, se presentaron 14 monólogos, algunos originales y otros no.  La puesta en escena, para jóvenes emergentes fue estupenda.  En particular porque los temas reflejaban la problemática de vida de la juventud, en un país que anda al garete.  Temas como la muerte, la sexualidad, el poder, y sobre todo, las frustraciones, fueron algunos de los temas que se presentaron en los monólogos.
Destaco los dos trabajos que presentó Marianela Payan. Por un lado “Mi Problema”  (de Marc Egea) y por otro lado, y de su autoría, “Soy una artista”. El primero plantea el problema que confronta una barrendera, cuando se encuentra con una persona que desea suicidarse en la vía pública, y el problema de vida mayor de la barrendera es que debido a la potencial muerte, no habrá de llegar a una tienda para cambiar un efecto personal.  Algo ocurrente, y sobre todo cómico.  Por otro lado en el monólogo “Soy una artista”, la joven Payan se enfrenta a un reto mayor desde una mirada muy personal: ¿para qué deseo ser artista, si nadie me augura una vida prospera? Escrito y actuado por ella misma, la personificación de lo que es, una estudiante que estudia teatro, guarda un buen manejo y ocurrencias.

Daniel Cardona (vestido de blanco) en el monologo Scent of a woman
Jesus Roman en “¿Qué es el amor?”
           

Pues que siga el teatro produciendo nuevas generaciones de jóvenes creativos.  Sea en monólogos o como parte de un elenco.

martes, 27 de marzo de 2012

COMPARTIENDO LA DICHA

Uno de los mejores regalos que una persona puede recibir  es un buen libro. Al menos para  mi no existe otra cosa que me llene más  de felicidad y regocijo que recibir un libro como regalo.  Quien me regala un libro realmente me conoce y me tiene aprecio.  De las manos de mi sobrina  Yaritza Milagros me llegó este libro tan especial que me toca  profundamente por varias razones;  primero porque ella me lo regaló como forma de agradecimiento con una hermosa dedicatoria   “Tia, gracias por estar conmigo en los momentos mas importante de mi vida y por apoyarme en todo, te quiero mucho,  atentamente, Yary”.   Pero esto no se queda ahí sino que me lo envió  autografiado por la escritora, una persona  que me llena de orgullo y que ha sido un pilar en el desarrollo y vida de muchísimos hermanos Gurabeños durante muchos años.  Debo hacer uso de su biografía  provista  en su libro “COMPARTIENDO LA DICHA”  para que conozcan un poco de la obra y trayectoria de una de las grandes personalidades que ha dado nuestro pueblo Gurabo, Puerto Rico.  Su nombre es Carmen Socorro Núñez  Rivera,  nacida y criada en el pueblo de Gurabo. Cursa todos sus grados escolares en las escuelas públicas de su pueblo natal. En la UNIVERSIDAD DE Puerto Rico recibe el grado de bachiller en Artes de la Educación, concentrándose en estudios sociales y teatro escolar.  Luego continúa sus estudios de postgrados recibiendo el grado de maestría  en Artes de la Educación en administración concentrándose en administración y supervisión escolar (elemental y secundaria).  Tomó cursos  hacia la maestría en teatro en la universidad de New York.  Entre sus más sobresalientes obras se encuentra el poema Vejez 1 que fue galardonado con el tercer premio en el certamen nacional de 1987 auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueño. 
Compartiendo la dicha es un trabajo que aun desde la dedicatoria fluyen las musas de las rimas en todo su esplendor.  Compartiendo la dicha y la gracia del Señor. Él colocó entre mis labios los versos de mi pasión , del lloro y las espinas, de mi tristeza y dolor; pero también la esperanza , la alegría y el perdón  que al brotar de la poesía eterna resurrección, aliviaran mis pesares e inundaron de ilusión la alegría de mi alma y el goce del corazón…      Dedica su trabajo muy tiernamente a sus hijos Rafaelito, Ruth Mara Y Sandra. 
Todo en este trabajo denota el profesionalismo y la experiencia de esta servidora pública pero más allá de lo aprendido y de lo estudiado sobresale su amor hacia sus raíces y su patria.  Muestra en su poesía historias perfectamente entretejidas y adornadas  por la rima, donde describe su vida en fragmentos que al unirse nos hace conocerla desde la niñez hasta el tiempo presente.   
Las tres narrativas son un sabroso postre  para degustarlo muy despacio . Son tres partes de la historia de nuestro pueblo, La primera de ellas “Riocola” refiriéndose a un personaje que muchos de nosotros conocimos y aunque siempre andaba en  harapos se ganó nuestro respeto por su decencia y educación, me atrevo a decir que podemos convertir el rio en un mar y sabremos quien es.  Así la describe Carmen;   Entonces la vi…iba a pie, si, era ella misma un lio y varias latas le acompañaban siempre, Su paño en la cabeza amarrado a manera de turbante, otro  trapo hacía las bases de cinturón. Medias largas y gruesas de algodón color carne cubrían sus piernas hasta las rodillas, torcidas en la parte superior formando un nudo para que no se le cayeran.  No pude evitar oír su eterno murmullo, soliloquio con ritmo de rosario  -Que si las estrella ,  que si los bomberos, que si el policía, que si las mangueras con las enfermeras, que si nadie dijo lo que pasaría…     
La segunda narrativa es la descripción de una leyenda muy conocida en el Cerro de Gurabo,  El Yure.  Todos los que viven en ese lugar una que otra vez han escuchado el ruido de  las cadenas que arrastra eternamente el  hombre sin cabeza que corre velozmente en su caballo escaleras abajo.
La tercera  Pas…entre nosotros  es un tributo al recuerdo del hombre más fuerte que ha vivido y creo que vivirá entre los gurabeños,  Pascual .  
  Gracias Carmen Socorro Núñez por esta aportación literaria y por contar estas  historias que se hubieran tal vez quedado dormidas u olvidadas. Gracias por tu refrescante poesía, lindas pinceladas de luz para arrullar el alma.
NUESTRA MUJER DE TEMPLE  DE HOY

CARMEN SOCORRO NÚÑEZ RIVERA

martes, 20 de marzo de 2012

LA YEGUA SERRUCHO

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¡Recordar es vivir! Y dentro de esos recuerdos fluyen, como hadas mágicas, sentimientos de nostalgias y añoranzas. ¡Ay!, quién pudiera cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse nuevamente en vivo y a todo color en aquella época dorada, vista bajo el cristal de la lupa del recuerdo; a veces perfeccionada por el amor, otras veces exagerada o tal vez subestimada por la falta de detalles:
Allá, desde el recuerdo del tío Seferino, surge este personaje que, a no ser por él y por sus mágicos y nostálgicos relatos, se hubiera quedado dormido por ‘sécula seculórum’.
El ser humano ha sobrevivido por obra y gracia de su curiosidad infinita. Siempre en busca de un futuro mejor, soñando, y logrando sus sueños. Hoy no existe un sólo lugar donde podamos posar nuestra vista en donde no encontremos la idea o el sueño de otro ser humano. Idea que se trabajó, se perfeccionó con el tiempo y ahora todos, de una manera u otra, disfrutamos. A decir verdad, debemos reconocer que estamos totalmente rodeados de sueños cumplidos y metas alcanzadas por alguien que se atrevió y persistió hasta alcanzar su objetivo. En este tiempo las opciones para cubrir nuestra necesidades, no importa cuales sean, son variadas y al gusto del consumidor.
Hace sesenta años atrás las cosas eran distintas y ahí es donde entra nuestra flamélicamente desnutrida yegüita Serrucho. Obviamente, el nombre le hacía honor a su apariencia por lo larga, larguísima, tan larga que sobre ella se podían montar diez muchachos y todavía sobraba espacio. ¡Qué larga era la yegua Serrucho y qué flaca, escuálida, diría yo! Su espinazo se levantaba en nudos, mostrando perfectamente el cajón de las costillas, haciendo difícil, sino imposible, la montura a pelo(al menos así la describe tío Sefe).
Resulta que la yegüita era el único medio de transportación de mi abuelo y su familia en aquella época. Entonces, con todo y su *inicutible  flacura, prestó los servicios de camioneta familiar. Todo lo que había que cargar se lo echaban al lomo. La yegua Serrucho tenía su caballero oficial; este trabajo le tocaba al tío Patricio. Me cuenta tío Sefe que un día, necesitados de salir para unirse a unas parrandas navideñas, echaron mano de la yegua Serrucho. Tío Patricio, como jinete oficial, se montó al frente, abuelo Epifanio detrás de tío Patricio, luego mi papá Luciano y en la parte de atrás se montó tío Sefe. Los cuatro iban cómodos porque todavía quedaba espacio para dos personas más. ¡Ah, pero esta yegua Serrucho también se las traía! Ella, como toda buena fémina de temple, tenía ciertas reglas y restricciones.
Contentos y cantando décimas navideñas, partieron los cinco camino abajo para acceder a la carretera principal que los llevaría al convite de navidad. Queriendo cortar camino, tomaron un atajo donde se encontraba una ciénaga de berro. El camino, un poco escabroso, le resultaba a tío Seferino peligroso y en su afán por no caerse de la yegua, le apretó los talones descalzos contra la barriga. ¡Rompió la regla! La yegua Serrucho les tenía totalmente prohibido que le tocaran la barriga porque ella era muy cosquillenta. Acto seguido, se levantó en dos patas y dejó caer a sus cuatro ocupantes en la ciénaga de berro. Después echó a correr internándose en el monte. A ellos no les costó más remedio que limpiarse la ropa lo mejor que pudieron, siguiendo su camino a patitas, primero maldiciendo a la yegua y después de un rato riéndose de muy buena gana porque tío Sefe había violado la regla de oro de la yegüita Serrucho.
Pero la historia no termina ahí. Después de caminar varias horas, sucios y hambrientos llegaron al lugar de la parranda. Aquello era el cielo abierto: ron cañita, música de cuatro y guitarra, baile bien ‘formao’. Allá en el fogón se podían distinguir las grandes ditas desbordadas de batata asada, guineítos sancochados, chicharrones y carne de cerdo, morcillitas picantes y sin pique...
La dueña de la casa resguardaba el fogón y a cada nuevo invitado que llegaba le servía tremendo cerro de comida; a todos menos a los que habían caído en la ciénaga del berro. Abuelo, hambriento y preocupado por sus hijos, fraguó un plan de emergencia. Se acercó a la dueña de la casa y haciendo uso de toda su gallardía y elegancia natural la invitó a bailar. Mientras la doña se divertía de lo lindo, tío Patricio, tío Sefe y mi papá se apropiaron de las ditas de comida y siguiendo el ejemplo de la yegua Serrucho, se internaron en el monte. Al terminarse la pieza de baile la doña vio que la comida había desaparecido. Mi abuelo, ni tonto ni perezoso, agarró una raja de leña y blandiéndola en el aire decía a todo pulmón: "Ay, si yo agarro a esoj bandoleroj que se robaron la comía... loj mato.  Y que no me aguante naiden polque juro que loj mato".
Después de un rato, abuelo se escabulló disimuladamente hacia el monte para continuar la fiesta; esta vez ‘jampiándose’ una colosal dita de arroz con gandules , chicharrones de cerdo y morcillitas picantes y para completar se mandó un juanetazo de pitorro por aquello de darle alegría al espíritu. Y colorín colorado, este cuento felizmente se ha acabado,  porque... ¡Barriguita llena, corazón contento!
            Dedicado a tío Seferino y a sus dulces recuerdos de juventud.


*inicutible= Esta palabra no aparece en el diccionario porque realmente fue creada por un ser que, a pesar de los años, todavía guarda esa maravillosa inocencia infantil.  Su nombre es Iris.  Ella utiliza esa palabra para describir algo muy delgado o pequeño. Esta palabra forma parte de nuestro vocabulario familiar.


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jueves, 15 de marzo de 2012

EL DOLOR TAMBIÉN ES NEGOCIO

No existe una sola cosa en el mundo  que no se convierta de una manera u otra en negocio y por consiguiente en dinero.   Así es la sociedad, hemos sido entrenados para producir dinero y todo a nuestro alrededor  significa “money, money, money.”     Bajo ese concepto cada vez más presente en la vida diaria a veces nos olvidamos de algo importantísimo y primordial, la vida, la comodidad y los sentimientos de las personas que nos necesitan.     Ha habido muchos factores para que en este mismo momento, cuando lees estas líneas haya alguien derramando lágrimas en silencio,  un silencio físico que le impide expresarse, hablar, gritar.    Me refiero a las personas  que  por una razón u otra han  perdido o nunca han tenido la habilidad de valerse por ellos mismos.    A veces no cuesta más remedio que llevarlos a un centro de convalecientes o a un hospital.  En muchos de estos hospitales  o centros  proveen una atención adecuada, en otros,  la costumbre y el hecho de que es una fuente de ingresos en cierto modo deshumaniza a algunas personas.
Reconozco que muchos trabajadores hacen el mayor esfuerzo por darle al paciente una buena calidad de servicio. Muchos de ellos inclusive aportan de su dinero para proveerle a los menos afortunados de cremas para la piel, shampoo  y otras cosas necesarias.   Desgraciadamente también he visto casos  donde algunos empleados se apropian de cosas que les llevan a los pacientes. La verdad que eso da vergüenza.  ¿Cómo una persona saludable, que trabaja se atreve a apropiarse de algo que le han traído a un paciente?   El sufrimiento de estas personas que no se pueden valer por ellas mismas se hace más grande cuando los familiares que lo llevaron a ese hospital o centro no se toman su tiempo para visitarlo. Posiblemente piensan que esa persona está muy bien en ese lugar.   La verdad de acuerdo a mi experiencia es que es fundamental la intervención de los familiares.  Estar allí presente si es posible diariamente asegura que su familiar sea atendido de manera  adecuada y justa. Aparte de que el paciente se va a sentir feliz y respaldado. A veces el familiar  es la voz  de ese paciente, es quien puede ver si algo anda mal, percibir cuan buena o mala es la atencion que se les está brindando, tomar decisiones respecto a tratamientos que a veces nisiquiera son necesarios.  Es vital la intervención de un familiar en estos centros y hospitales por que realmente eso hace la gran diferencia. 
  Cuanto dolor hay en el alma de una madre o un padre abandonados en estos lugares por su familia bajo la excusa de que todos tienen que trabajar.  ¿Dónde están esos hijos e hijas por los cuales se sacrificaron toda su vida?   Hay que sacar  el tiempo para visitar a los que están el estos lugares, porque la gente tiene tiempo para todo, tiene tiempo para trabajar, ver televisión, salir a las tiendas , ir  a bailar,   ¿porque entonces no pueden sacar un tiempo para llevarle un poquito de amor, luz y paz a los que tienen el alma lastimada en carne viva?
Hace dos años conocí un niño completamente discapacitado que vivía en un hospital que yo frecuentaba. La familia de ese niño casi nunca iba a verlo. Al menos la madre lo visitaba una vez al mes o cuando  le remordía la conciencia, el padre nunca lo visitó en todos los años en que estuvo en el hospital. El niño murió y la familia fue notificada. Todos llegaron con el consabido llantén y el padre después de gritar un rato  hasta se desmayó.   ¿De qué le sirve al niño el llanto y los gritos de esta gente después de muerto?  A la gente que se ama  se le grita y se le llora en silencio, día con día, en el sacrificio, en dejar de ver la novela, en cancelar un día de baile o ir más tarde, en moverse a ayudarlo o ayudarla, en estar allí, cuando realmente lo necesite, en hacerlo que se sienta confortable, en compartir una película, unas fotos, en recordarle la vida en familia, en cantarle, compartir, ser parte del equipo de trabajo, en demostrarle todo el amor del mundo para que cuando regrese a su verdadero hogar junto a nuestro Padre celestial nuestra conciencia se quede limpia y en paz.  
¿Sabes el deseo grande que tiene esa persona de verte, sentirte, poder tocar tu mano?  Para ellos eso es el cielo abierto.  Hay demasiado dolor rondando la tierra, cada día las lágrimas de estos seres desvalidos inundan esos centros  y hospitales  y desgraciadamente casi nadie está al tanto de ese dolor.  La solución para calmar ese dolor está en las manos  de familiares y amigos.  Una vez que se hayan ido, no necesitan  lamentos, ni suspiros, ni flores como dice el viejo poema, toda esa atención la necesitan mientras viven y pueden apreciar cuanto los quieres.
   Definitivamente el dolor también es negocio, produce mucho dinero,   a nosotros nos corresponde hacer que  nuestros familiares reciban el servicio justo y adecuado que ese dinero está pagando.
  Yo no quisiera lágrimas, ni suspiros, ni flores
Nada que se marchite , nada que se evapore
Quiero algo que perdure, como el recuerdo
como las oraciones
que llegue hasta Dios para que me perdone.
autor desconocido



sábado, 10 de marzo de 2012

ENAMORADA


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Él rozó sus manos y ella sintio que su cuerpo vibraba de secreta emoción.
Hacía algunas semanas que él venía dándole ciertas señales que primero la ilusionaba y después la confundía. Cómo era posible que todo un gran señor se fijara en ella que era tan pequeña e insignificante; un morenazo alto que medía casi seis pies, entradito ya en los cuarenta años. Ella sabía que había una notable diferencia de edad entre ambos, pero su locura temporal le insistía constantemente que para el amor no existe la edad ni el color ni nada. No hay barreras cuando el amor se manifiesta de una manera tan real, tan sublime, incluso cuando con sólo mirarlo ella se sentía viva, se sentía mujer con deseos de entregarse y de ser amada . Él era la figura máxima en su iglesia (después de Jesús, claro está); era el pastor recién llegado con un  impactante testimonio. Su rostro mostraba las cicatrices dejadas por la lucha que protagonizó en su vida con el enemigo. Sus orejas evidenciaban las peores cicatrices quedando carcomidas por una lepra de la cual fue sanado, gracias a la fe y la continua oración. Ese era su testimonio constante, sobre el cual Sixto se apoyaba para hacerle ver a sus feligreses que él también sabía lo que era el sufrimiento y la enfermedad.
Sixto contaba con el apoyo incondicional de todos los hermanos y hermanas de la iglesia. Sus planes eran expandir sus territorios y salir a predicarle a todas las personas posibles con la intención de llenar la iglesia de almas nuevas que, aunadas a los miembros regulares, conformaran una iglesia más grande y más fuerte. Ella se fue enamorando poco a poco, primero de sus predicaciones, después de su corpulenta apariencia. Él, curioso y perspicaz, había adivinado sin mucho esfuerzo aquel secreto guardado con gran recelo tras un inocente y dulce rostro cubierto por un velo de encaje blanco. Con el pasar de los días la amistad entre ambos se hizo más fuerte. Él la visitaba en su casa y ella, buena cocinera al fin, lo agasajaba con los mejores manjares. A veces comenzaban a hablar en inglés porque ambos dominaban el idioma y en una que otra ocasión ella amablemente le recordaba que no era de buenos modales hablar inglés en frente de otras personas que no entendían el idioma, a lo cual él asentía dándole la razón.
La relación se fue tornando un poco más evidente para los familiares de ella y comenzaron a sentirse incómodos por las diferencias que existían entre ambos. Sixto siempre les aseguraba a todos que la relación era solamente de amistad, pero ella, totalmente enamorada, comenzó a defender su amor con uñas y dientes: "Soy una mujer mayor; tomo mis propias decisiones y nadie debe intervenir con ellas". Entonces todos la obedecieron y dejaron de intervenir en los asuntos que a ella concernían. Él, aprovechando esa coyuntura, continuó trabajando en su plan de conquista. Él le había hecho la observación de que ella se merecía vivir mejor. Le comentó que la casa de ella era muy pequeña y que realmente ellos dos necesitaban algo más espacioso para vivir: "¿Qué te parece si vendes esta casa y con el dinero compramos otra más grande?". "No, yo no puedo vender esta casa porque realmente esta casa no se hizo para venderse". Después de esa contestación no se habló nada más sobre el asunto. En vez de eso, Sixto siguió insistiendo en conseguir un mejor lugar donde ambos pudieran disfrutar de su amor en plena libertad y sin rendirle cuentas a nadie.
Dicen que el enamoramiento se produce después que el cerebro segrega una sustancia especial. Ésta enajena totalmente al ser humano dejándolo desprovisto de herramientas para ver realidades que otras personas pueden ver con completa claridad. Ella estaba totalmente enamorada y no tenía la claridad mental suficiente como para discernir las malas intenciones de este pseudo pastor que se había convertido en el gran amor de su vida. Caminar junto a él, agarrada de su fuerte brazo, la hacía sentirse más que privilegiada, orgullosa y envidiada por todas las demás feligresas, que también secretamente guardaban un sentimiento especial para él . La espera para entregarse a él le parecía infinita. Con mucha ilusión preparaba su ropa interior, su "baby doll" roja, sus talcos y sus perfumes.
Los enamorados hacían planes sobre su futuro y hasta hicieron las gestiones para rentar una casa. Fueron al banco y retiraron lo que a ella le costó casi toda una vida de sesentaicinco  años reunir. Ella le entregó el dinero a Sixto para pagar la casa que habían rentado. Mientras tanto, preparaba la mudanza para irse a disfrutar de ‘su gran amor’ en su nueva vida. Esta era la última oportunidad que la vida le entregaba de ser completamente feliz .
Sentada en el balcón de la casa esperaba ansiosamente a su amado Sixto. Esperó un día, dos días, tres días... mientras la tristeza retorcía su esperanza y la incredulidad la fortalecía. ¡Sixto jamás regresó! Su ilusión marchita, rota, encorvó sus espaldas de ochenta años; la última decepción de amor, su último gran dolor. Después de algunos meses se sacudió la pena, se despojó de los malos pensamientos y decidió seguir viviendo. Como en un cuento infantil, apareció un hada madrina con una varita mágica borrando completamente de su memoria aquella vergonzosa experiencia. Durante doce años más fue feliz de nuevo y luego... se quedó dormida.
                                
 A Sixto Rodríguez, escoria humana, vergüenza del evangelio.


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