miércoles, 11 de enero de 2012

PASIÓN SECRETA


Hoy es un buen día para escribir poemas
Desbordar añoranzas en mi pasión secreta
El verso, el dulce verso
Mi novio imaginario, mi loco afán sin ecos
Mi espíritu soñando sobre anhelos despiertos

 Él es la vida misma donde se frunce el seño
Del lector que no entiende, ni mi voz, ni mis ruegos
Y aquí en mis azahares, se pasean contentos
Siendo testigos turbios que ríen de mis sueños

 Es el verso mi amante, mi más fiel compañero
Aquel que no protesta cuando rasgo su pecho
Es el verso mi escape, mi refugio, mi lecho
De mi ilusión la cuna  y de mi alma el cuerpo
                                                                                 COPYRIGHT: IDALIA CASTRO CORREA

lunes, 9 de enero de 2012

FLORES


 Llegar a Estados unidos es como entrar de golpe y porrazo en una escena perenne y continua de una película. A veces todo se desdibuja pareciendo muy irreal. El sólo hecho de tener que lidiar con los diferentes idiomas y las diferentes culturas es más que suficiente como para abrumarte al máximo. Esto es al principio, claro está. Luego te vas acostumbrando a los diferentes acentos y con sólo mirar a una persona puedes distinguir de qué país proviene. Nos ha tocado lidiar con varias ramificaciones de la raza latina que, a pesar de que ‘dis que’ hablamos el mismo idioma, a veces ni nos entendemos. Es que cada país tiene su propio léxico, sus propias costumbres y creencias religiosas. Aún así esos, nuestros hermanos latinos, son los que nos hacen el camino menos difícil.

Para mí fue una gran alegría cuando, recién llegada a "Connecticut", me encontré con las tienditas hispanas lideradas casi siempre por personas de la República Dominicana. ¡Óiganme, qué gente trabajadora... y echan pa’lante! Casi todos los salones de belleza tienen por dueña una negrita sabrosona y sandunguera que trae prendida en su corazón, como cruz de rosario, la esencia de la gran Quisqueya. En todas las razas existe gente muy buena y trabajadora que viene a este país a aportar a la sociedad y a salir adelante. Obviamente es más notorio cuando alguien hace cosas indebidas porque siempre las personas con actitudes delicuentes alborotan más y por ese puñado pequeño de inconscientes somos juzgados los demás. Pero así es este país, una gran gama de personas de diferentes razas que unidas conformamos lo que es esta gran nación.

A nosotros nos tocó compartir un poco más de cerca con una raza distinta. Gente de piel blanca, ojos claros, pero con muchas actitudes como las nuestras. Al igual que nosotros, llegaron a este país en busca de una vida mejor. Ellos-los polacos-como nosotros, tampoco hablan adecuadamente el idioma inglés , aunque debo decir que son muy inteligentes y abiertos a aprender. Me he sorprendido grandemente al escuchar a algunas personas de esta raza que hablan un español casi tan fluido como el mío. En cierta ocasión hice una venta de garaje en mi casa y vino una señora de Polonia y comenzó a hablarme en perfecto español. Me sorprendí muchísimo, así que le pregunté cómo era posible que hablaba tan bien el español. Ella me contestó que simplemente veía novelas en español y esto le había abierto su entendimiento a través del tiempo. En vuelta de algunos años se había convertido en 'trilingüe'.

Lo cierto del caso es que me ha tocado vivir en lo que aquí llamamos "la calle de los polacos". Con el tiempo he aprendido a tenerles una gran admiración porque puedo ver su afán de superarse y su maravillosa costumbre de trabajar y persistir hasta conseguir su objetivo.

Con nuestros vecinos más cercanos nunca pudimos tener un compartir, conversar a fondo o una amistad. Realmente era una simple relación cordial, pero monosilábica: "Hi, bye..." y eso era todo. Sin embargo, el ancianito de la casa acostumbraba en la época de la primavera obsequiarme flores que recogía de su jardín. A veces, cuando yo llegaba a mi casa, me encontraba con el ramito de flores entretejido en la verja. Yo sabía que eran para mí porque en otras ocasiones me las había dado personalmente. Claro que él no me entendía porque no hablaba español ni inglés y yo no hablaba polaco; sin embargo, esto se convirtió en una agradable costumbre. Así que, todos los años yo esperaba mi famoso ramito de flores.

En la primavera la situación de mi niño enfermo desvió mi pensamiento, aunque por momentos me llegaba a la mente mi esperado ramito de flores, pero luego con el trajín diario lo olvidaba. Pasó la primavera y comenzó el verano, entonces supe que algo había sucedido porque en todo ese tiempo de entrar y salir de mi casa a toda prisa, como era usual, no había visto a mi viejito cultivador de flores. Después me enteré de que había muerto cuando vi a otras personas limpiando y pintando su casa.
Hay costumbres que nunca terminan porque surgen del alma. Ayer, al bajar las escaleras de la parte trasera de mi casa, observé aquella gran planta florecida; Dalias precisamente. Montones de flores abiertas que miraban hacia mi puerta, colándose entre los alambres de la verja hacia mi patio trasero. Sorprendida, emocionada y agradecida exclamé sonriendo mientras me acercaba a mi gran ramo de flores:
     "¡Wow, increíble, aún ausente mi viejito polaco me sigue regalando flores!".

Dedicado a todas aquellas personas que vencen las barreras de las diferencias culturales y ven en los demás simplemente a otro ser humano igual a ellos. A mi viejito polaco, muchas gracias por su hermoso detalle, cuando nos volvamos a ver, amigo, hablaremos el mismo idioma.
                                                                     copyright:         Idalia Castro Correa

sábado, 7 de enero de 2012




MI NIÑITA ETERNA





Mi niñita eterna saltó de júbilo, salió a flote esbozando una sonrisa plena, extensa y repleta de alegría.  No son muchas las oportunidades que tiene de salir y disfrutar de buena gana una experiencia como esta. Claro está que trataba de disimular un poco para que nadie notara su presencia. Pero estaba allí, mirando el ambiente de fiesta. Regocijándose en la variedad de colores de los globos llenos de helio. Mirando los animales y percibiendo el delicioso olor que emanaba desde los quioscos flotando juguetón en el aire. Eran olores del recuerdo, olor a azúcar quemada, a manzanas con caramelo, a frituras  deliciosas. Eran olores que invitaban a romper la dieta al menos por un día.   Aunque no supo que sabor tenían esos olores que flotaban en el aire, si se imaginó como se vería ella sosteniendo en sus manos un algodón de dulce. Luego al ver los payasos de grandes gorros y trenzas estiradas hacia los lados se olvidó de todo eso. Casi en un impulso inconsciente se inclinó hacia una payasita que estaba sentada y le preguntó en su triste y corto Inglés “May I take a picture with you and my little boy?” y ella gentilmente le contestó  “Sure”, entonces tomó una foto con el  niño y la payasita.  Al caminar un poco más adelante se encontró con un elefante y una jirafa que les daban paseos a los niños y también pensó cómo sería eso de montarse en un elefante. “Y si me caigo, ay no, me van a decir ridícula”  porque recordó que ella no llegó sola a aquel lugar, sino que había ido con otro niño, una niña y el niño pequeño.  Luego paseó de quiosco en quiosco viendo las diferentes artesanías y a las manos ingeniosas que frente a todos desarrollaban sus trabajos increíblemente hermosos. Cuando decidió irse a casa pasó nuevamente por donde estaba la primera jirafa que vio. Estaba en una jaula y alrededor de esa jaula había una verja que separaba la jirafa de las obejitas. Había también unas máquinas donde se depositaban monedas de veinticinco centavos de la cual se sacaba alimento para darle de comer a los animales.  Así  que la niña depositó su moneda y sacó alimento para darle a la jirafa.  La sensación de levantar su brazo y ver cómo se aproximaba la cabeza de la jirafa, sentir cómo recogía de su mano el alimento grano por grano con su lengua violeta, sentir su respiración tenue, confiada  y los pelos del hocico  tocando su piel, fue lo que impulsó a mi niñita de ocho años a salir a flote, riéndose, divirtiéndose, gozando, sintiendo tal vez  como muy pocas veces la dulzura de la niñez.  Entonces me di cuenta de que en aquel lugar solo habíamos niños. Algunos  como yo, con cuerpo de gente grande, pero niños al fin.  Ahora me reconforta saber que mis niñitas del pasado nunca se han ido.  Pero esa, mi niñita de ocho años es la que más sale a flote y definitivamente se niega a morir.  Nunca, jamás se irá, se quedará conmigo hasta que mi Papá nos lleve a nuestro hogar y nos devuelva la gran virtud de ser ángeles otra vez.

viernes, 6 de enero de 2012

UN GRAN APLAUSO A LOS QUE YA NO ESTAN


Dialogar es una de las cosas que más se disfruta. Sin lugar a dudas es uno de los más grandes entretenimientos de la vida. Se siente rico en el alma el poder intercambiar ideas con esa única emoción con la que volamos a tiempos pasados que permanecen vivos en nuestro ser interno. Poder contar nuestras anécdotas y escuchar las de otros es como traer un poco al presente aquel tiempo pasado que siempre fue mejor.  No importan las vicisitudes de aquellos tiempos, es que entonces nos asistía la juventud, es que entonces el cuerpo no estaba adolorido, es que entonces podíamos comernos al mundo.    Especialmente prestamos más atención cuando se tocan temas que nos permiten conocer las vidas de otras personas, sus historias, sus luchas, sus afanes. ¡Cuán importante ha sido la vida de todos los seres que han pasado por este mundo en nuestras vidas!  Hoy mientras estaba en mi trabajo tuve que sentarme en el piso para tratar de remover un tremendo enredo de hilo que se había acumulado cerca del  sistema de la polea de mi máquina de coser (soy sastre). Estando allí en aquella posición tan incomoda y viendo el funcionamiento de mi máquina, sus piezas, todo ese andamiaje de hierro y reconociendo la función tan importante y maravillosa que puede hacer bajo mi manejo, di gracias a Dios por aquella primera persona que soñó y desarrolló la primera máquina de coser, que hoy me permite ganarme el pan de cada día usando mi talento y mi formación académica. Luego comencé a hablar con mi compañera de trabajo, María. Ella es italiana, al igual que mi otra compañera de trabajo, Tina. Ella me contó cómo sus abuelos vinieron desde Italia huyéndole a una guerra hace más de cien años. Acá en América, (como ella dice), se dedicaron a trabajar en el campo, recogiendo frutas y vegetales por un salario miserable. Con mil penurias sacaron a su familia adelante. En ese tiempo todo era mucho más difícil pero ellos se esforzaron para crear una vida mejor. Los que vivimos en este tiempo prácticamente tenemos la vida hecha. Para cada cosa existe una solución, todo es más fácil, gracias a los que soñaron, se atrevieron y crearon con sus propias manos un mundo mejor para sus (generaciones venideras) que somos nosotros.            He escuchado a  personas quejarse de que nadie, nunca les heredó nada.   Esa es la aseveración más injusta que cualquier  ser humano pueda verbalizar.  ¡SORPRESA!  La próxima vez que te sientes cómodamente en tu sofá, a ver tu televisión recuerda que eso y todo lo que te rodea es la dote que heredaste de nuestros antepasados. SI, AQUELLOS GRANDES VISIONARIOS QUE YA NO ESTAN… ¡SE MERECEN UN APLAUSO!
                         copyright      Idalia Castro Correa

jueves, 5 de enero de 2012

50 AÑOS PARA CONTESTAR UNA PREGUNTA

 
                  Amelia Correa Cruz en su personaje de "La Inmortal"
Mi madre es una mujer excepcional.  Tuvo muy poco tiempo para aprender a volar y así sin saber cómo se lanzó a la vida  de manera abrupta, de golpe y porrazo, golpeándose con las ramas y los escollos que se encontraba en su camino. Fue una mujer niña o una niña mujer que a los trece años se dividió sirviendo de canal para traer al mundo a su primera hija, María Luz.   Dentro de esa inmadurez típica de la adolescencia le  comenzaron a llegar los hijos, uno cada año.  Su historia de pariciones se remonta al año 1945 en adelante. En total tuvo doce embarazos, tres abortos, tres niños fallecidos y seis a los que con su fuerza de voluntad y su amor de madre nos arrebató de la miseria y la muerte. Existía una pregunta en el ambiente que surgía con demasiada frecuencia y a la que ella como una mujer ya muy centrada y entregada a sus responsabilidades se negaba a responder ¿pa’ qué tu te pones a parir tantos muchachos?
   Es una guerrera mi mamá, siempre decidida, valiente, aguerrida, nuestro tronco fuerte donde solemos ir a buscar consuelo, consejo, sabiduría, inspiración.   Al parecer  de nosotros sus hijos, ella se nos había congelado en el tiempo y creímos que su fortaleza física jamás menguaría. En su interior, su estado anímico, su espiritualidad, su fuerza de voluntad están intactos pero  paulatinamente la vida ha ido despojándola de su salud y su fuerza física. 
Hace unos meses se enfermó y estuvo recluida en un hospital. Nuestra hermana Carmín nos llamó y nos dijo que debíamos viajar por que ella estaba muy enferma.  Al otro día mi hermana y yo junto a nuestros respectivos esposos viajamos a Puerto Rico.  
Para mi mamá era una gran sorpresa  y una gran felicidad el vernos desfilar uno por uno ante ella. Todos estábamos allí, pendientes de ella, hablando con los médicos, haciendo trámites para que su proceso de recuperación fuera de la mejor manera posible. En un momento en que nos encontrábamos solas me miró con infinita ternura y me dijo, “mira, y todavía la gente me preguntaba que para que yo paría tanto muchacho”  “para esto yo paría tanto muchacho”, para que me consintieran como me están consintiendo ahora.
                                                                                                    Idalia Castro Correa 

DE MI LIBRO "LA INMORTAL Y OTROS RELATOS" EL CUENTO "LA YEGUA SERRUCHO"

¡Recordar es vivir! Y dentro de esos recuerdos fluyen, como hadas mágicas, sentimientos de nostalgias y añoranzas. ¡Ay!, quién pudiera cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse nuevamente en vivo y a todo color en aquella época dorada, vista bajo el cristal de la lupa del recuerdo; a veces perfeccionada por el amor, otras veces exagerada o tal vez subestimada por la falta de detalles:

Allá, desde el recuerdo del tío Seferino, surge este personaje que, a no ser por él y por sus mágicos y nostálgicos relatos, se hubiera quedado dormido por ‘sécula seculórum’.
El ser humano ha sobrevivido por obra y gracia de su curiosidad infinita. Siempre en busca de un futuro mejor, soñando, y logrando sus sueños. Hoy no existe un sólo lugar donde podamos posar nuestra vista en donde no encontremos la idea o el sueño de otro ser humano. Idea que se trabajó, se perfeccionó con el tiempo y ahora todos, de una manera u otra, disfrutamos. A decir verdad, debemos reconocer que estamos totalmente rodeados de sueños cumplidos y metas alcanzadas por alguien que se atrevió y persistió hasta alcanzar su objetivo. En este tiempo las opciones para cubrir nuestra necesidades, no importa cuales sean, son variadas y al gusto del consumidor.

Hace sesenta años atrás las cosas eran distintas y ahí es donde entra nuestra flamélicamente desnutrida yegüita Serrucho. Obviamente, el nombre le hacía honor a su apariencia por lo larga, larguísima, tan larga que sobre ella se podían montar diez muchachos y todavía sobraba espacio. ¡Qué larga era la yegua Serrucho y qué flaca, escuálida, diría yo! Su espinazo se levantaba en nudos, mostrando perfectamente el cajón de las costillas, haciendo difícil, sino imposible, la montura a pelo(al menos así la describe tío Sefe).

Resulta que la yegüita era el único medio de transportación de mi abuelo y su familia en aquella época. Entonces, con todo y su *inicutible flacura, prestó los servicios de camioneta familiar. Todo lo que había que cargar se lo echaban al lomo. La yegua Serrucho tenía su caballero oficial; este trabajo le tocaba al tío Patricio. Me cuenta tío Sefe que un día, necesitados de salir para unirse a unas parrandas navideñas, echaron mano de la yegua Serrucho. Tío Patricio, como jinete oficial, se montó al frente, abuelo Epifanio detrás de tío Patricio, luego mi papá Luciano y en la parte de atrás se montó tío Sefe. Los cuatro iban cómodos porque todavía quedaba espacio para dos personas más. ¡Ah, pero esta yegua Serrucho también se las traía! Ella, como toda buena fémina de temple, tenía ciertas reglas y restricciones.

Contentos y cantando décimas navideñas, partieron los cinco camino abajo para acceder a la carretera principal que los llevaría al convite de navidad. Queriendo cortar camino, tomaron un atajo donde se encontraba una ciénaga de berro. El camino, un poco escabroso, le resultaba a tío Seferino peligroso y en su afán por no caerse de la yegua, le apretó los talones descalzos contra la barriga. ¡Rompió la regla! La yegua Serrucho les tenía totalmente prohibido que le tocaran la barriga porque ella era muy cosquillenta. Acto seguido, se levantó en dos patas y dejó caer a sus cuatro ocupantes en la ciénaga de berro. Después echó a correr internándose en el monte. A ellos no les costó más remedio que limpiarse la ropa lo mejor que pudieron, siguiendo su camino a patitas, primero maldiciendo a la yegua y después de un rato riéndose de muy buena gana porque tío Sefe había violado la regla de oro de la yegüita Serrucho.
Pero la historia no termina ahí. Después de caminar varias horas, sucios y hambrientos llegaron al lugar de la parranda. Aquello era el cielo abierto: ron cañita, música de cuatro y guitarra, baile bien ‘formao’. Allá en el fogón se podían distinguir las grandes ditas desbordadas de batata asada, guineítos sancochados, chicharrones y carne de cerdo, morcillitas picantes y sin pique...
La dueña de la casa resguardaba el fogón y a cada nuevo invitado que llegaba le servía tremendo cerro de comida; a todos menos a los que habían caído en la ciénaga del berro. Abuelo, hambriento y preocupado por sus hijos, fraguó un plan de emergencia. Se acercó a la dueña de la casa y haciendo uso de toda su gallardía y elegancia natural la invitó a bailar. Mientras la doña se divertía de lo lindo, tío Patricio, tío Sefe y mi papá se apropiaron de las ditas de comida y siguiendo el ejemplo de la yegua Serrucho, se internaron en el monte. Al terminarse la pieza de baile la doña vio que la comida había desaparecido. Mi abuelo, ni tonto ni peresozo, agarró una raja de leña y blandiéndola en el aire decía a todo pulmón: "Ay, si yo agarro a esoj bandoleroj que se robaron la comía... loj mato.  Y que no me aguante naiden polque juro que loj mato".
Después de un rato, abuelo se escabuyó disimuladamente hacia el monte para continuar la fiesta; esta vez ‘jampiándose’ una colosal dita de arroz con gandules , chicharrones de cerdo y morcillitas picantes y para completar se mandó un juanetazo de pitorro por aquello de darle alegría al espíritu. Y colorín colorado, este cuento felizmente se ha acabado,  porque... ¡Barriguita llena, corazón contento!

*inicutible= Esta palabra no aparece en el diccionario porque realmente fue creada por un ser que, a pesar de los años, todavía guarda esa maravillosa inocencia infantil.  Su nombre es Iris.  Ella utiliza esa palabra para describir algo muy delgado o pequeño. Esta palabra forma parte de nuestro vocabulario familiar.                                   
                                                                                                                                         Copyrigth- IDALIA CASTRO CORREA 
            Dedicado a tío Sefe y a sus dulces recuerdos de juventud.

miércoles, 4 de enero de 2012

QUIERO SER MÁS DE TI


Hay poesías que surgen del esfuerzo y tratamos de darle forma de acuerdo a las reglas, son poesías educadas, finas, poesías de aristocracia.  Sin embargo existen otras igual de hermosas pero rebeldes, sin normas, poesías llaneras y del consumo común.   Las hay melodiosas que llegan en alas de  fantasía, perteneciente a las hadas bailarinas de las musas y se derraman fluidamente sobre el blanco papel. Otras,  vienen viajando en un susurro suave y muy dulce hasta tu oído  desde los labios de Dios.
Éste último es el caso de:
Quiero ser más de Ti

Quiero ser más de Ti
Que rompa este silencio, la angustia de mi alma
Salga despavorida la voz que está guardada
Cubriendo con lo externo, la inmensa llamarada

 Quiero ser más de Ti,
Que trascienda mi mente fuera del intelecto,
Que rompa las cadenas que aprisionan mi tiempo,
Para darle cabida a lo inmenso, lo eterno

  Quiero ser más de Ti
Como lo fue Jesús cargando aquel madero
Llevando en sus espaldas los pecados ajenos
Glorificando el alma, sacrificando el cuerpo

 Quiero ser más de Ti,
Amarte más yo quiero,
Sentir como en las noches, me arrullas cuando  duermo
Sentir que no he crecido, que niña sigo siendo
Que cuando se aproxime el íntimo momento
De abrazarme a Ti  Padre
Pueda mirar mi senda sin temor de marcharme

  Quiero ser más de Ti,
Tan solo amarte quiero
 ¿Hasta donde? Preguntas,
Quizás hasta el suspiro  postrero de mi aliento
Hasta la inmensidad, tal vez hasta Tu cielo,
O a Tu misma presencia.
Hasta la eternidad, Si Jehová amarte así yo quiero.
                                                                                 IDALIA CASTRO CORREA